Profesionales de la carrera Licenciatura en Kinesiología y Fisiatría de la Facultad de Ciencias de la Salud (FCS) de la Universidad Nacional de San Luis llevan adelante diversos proyectos de investigación que tienen como objetivo hacerle frente a la consecuencia del paso de los años. El envejecimiento biológico deja sus secuelas y efectos en distintos órganos y tejidos. Las licenciadas Valeria Stieger y Valeria Acevedo explican que desde la kinesiología, vista como el estudio y la terapia desde el movimiento, se aportan conocimientos que necesariamente se interrelacionan con la aplicabilidad de la actividad física.

Específicamente, trabajan en la ejecución de un programa de actividad física adaptada en adultos mayores. Lo hacen junto a estudiantes de segundo año en la materia Técnicas Kinésicas I, quienes realizan sus primeras prácticas con pacientes. Allí se trabaja con actividad física estandarizada y multicomponente, porque se entrena la flexibilidad, la resistencia cardiovascular, la fuerza muscular, el equilibrio y la coordinación. “Se les van haciendo a las personas mayores una serie de ejercicios a lo largo de doce semanas”, explica Stieger a Argentina Investiga.

¿Cómo es la relación entre la actividad física y el bienestar de la salud mental? ¿Cómo es la relación de estar en movimiento y la prevención del deterioro cognitivo? El ejercicio en sí tiene múltiples beneficios. Uno de ellos es que la práctica produce la liberación de sustancias endógenas que producen la sensación de bienestar.

“Uno, al poder moverse e ir trabajando sobre diversas capacidades físicas, mejora el nivel de función. En los adultos mayores contribuye a fortalecer el movimiento para la práctica de actividades de la vida diaria y seguir siendo independientes. Por otro lado, el pensar en un ejercicio, en cómo llevarlo a cabo, en trabajar en el equilibrio y la coordinación también pone en juego diferentes funciones cognitivas que mejoran las respuestas en las personas”, explican las profesionales.

Cuando la persona practica ejercicio aumenta la vascularización, no sólo en distintos sectores del cuerpo sino también en el cerebro, y eso ayuda a una mejor función cerebral, lo cual ayuda a una mejor función cognitiva. La sensación de bienestar y placer que brinda hacer ejercicio físico aumenta la felicidad de la persona. “El ejercicio es un multicomponente, no es solamente algo que nos va a permitir aumentar masa muscular, o vamos a estar mejor del sistema respiratorio o cardíaco. A nivel del cerebro el ejercicio físico trae miles de beneficios”, agrega Acevedo.

Con la edad empiezan a acrecentarse algunas patologías y no cualquier persona puede llevar a cabo una clase de actividad física adaptada, es decir, que tiene que ser un profesional de la salud. “Cuando el cerebro está activo, está sano. Como nuestro cuerpo”, dijo la profesional.

¿Y la salud ósea? ¿Cómo se ve beneficiada?

 Al trabajar a través del movimiento, esta acción favorece la nutrición de los cartílagos que recubren las superficies articulares que en las personas mayores esto se ve desgastado. Empieza a aparecer dolor y rigidez en las articulaciones. La solución es seguir en movimiento para favorecer la nutrición.

“Si una persona está en un reposo prolongado o en inactividad física el hueso tiende a desmineralizarse, y esto lo predispone a sufrir más de fracturas u otras lesiones óseas que, tal vez, ante una caída propia de la edad por la disminución de estas capacidades funcionales después pueden tener mayores consecuencias”, añade Stieger.

En todos los sistemas el ejercicio es benéfico. A nivel osteoarticular es sumamente beneficioso. Además, añaden las científicas que: “La gente que hace ejercicio físico es más feliz, tiende menos a la depresión y al uso excesivo de medicamentos. El ejercicio físico trae precursores químicos que contribuyen a la felicidad”.

Fuente: argentinainvestiga.edu.ar