Nuestro intestino es mucho más importante de lo que cualquiera se imagina y puede ser sumamente influyente en numerosas patologías, incluso extradigestivas. Facundo Pereyra es un médico rionegrino que escribió el libro llamado “Resetea tus intestinos: Sana más de 15 enfermedades y recupera tus ganas de vivir” y creó y patentó el Programa MDB15 para alcanzar ese objetivo. En una entrevista con la Universidad Maza habla sobre su trabajo y sobre la teoría del “intestino permeable”, algo que podría impactar en nuestra salud.

El aparato digestivo está formado por el tracto gastrointestinal –también llamado tracto digestivo–, el hígado, el páncreas y la vesícula biliar. Se encarga de la digestión mecánica y química de los alimentos, así como de la absorción y el transporte de nutrientes, funciones que, como todo en nuestro maravilloso organismo, son vitales.

El intestino delgado absorbe el agua y los nutrientes y los incorpora al torrente sanguíneo, mientras que el grueso absorbe agua y transforma en heces todos los productos de desecho, manteniendo un sano equilibrio. En esta porción del tubo se encuentra la microbiota, también conocida como flora intestinal. Se trata de un conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, levaduras, etcétera) que cumplen algunas funciones indispensables no sólo en la digestión, absorción y buen funcionamiento intestinal, sino que también es una barrera protectora contra los agentes patógenos y las toxinas y cumple un papel importante en el desarrollo del sistema inmunitario.

“En el intestino vive el 80% de nuestros leucocitos, nuestras células de defensa; el sistema inmunológico vive mayormente en el intestino”, remarca Pereyra.

Sucede que todo lo explicado acontece en condiciones normales. Cuando hay situaciones que afectan el intestino todo este edificio puede desmoronarse y repercutir en el organismo.

Un problema para nuestra salud: síndrome del intestino permeable

Si el intestino comienza a funcionar mal puede ponerse más permeable y filtrar toxinas de la caca a la sangre. Esto hace que el sistema inmunológico sufra porque los linfocitos y los leucocitos comienzan a librar frentes de batalla por todas partes, “generando una hiperestimulación, volviéndolo más nervioso y liberando muchas citoquinas que nos inflaman de la cabeza a los pies y poniéndolo más torpe, ya que está demasiado ocupado y cuando nos tiene que defender no lo hace. Allí comenzamos a tener cándida, infecciones urinarias de repetición, virus, covid, etcétera”, explica el especialista.

Esta situación primero puede causar algunos síntomas inespecíficos leves como dolor de cabeza o de articulaciones, fatiga, cuestiones que uno asocia a la vida misma, el estrés, la edad. Luego pueden aparecer otros más severos como migrañas intratables, visión borrosa, neblina mental, aftas, dolor en los ganglios, mareos, ansiedad, tristeza, insomnio, obsesiones, tocs, problemas musculares y articulares desde osteoartritis y artritis a lumbalgia, fascitis plantar, problemas neurológicos como hormigueos, síndrome de piernas inquietas, problemas respiratorios como asma o tos crónica; ginecológicos como endometriosis, síndrome de poliquístico e infertilidad; problemas de la piel como soriasis, etcétera.

Por otra parte, aparecen las enfermedades autoinmunes, que son muy importantes, en especial Hashimoto, lupus, esclerosis múltiple, artritis reumatoidea, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedad celíaca que no responde.

“Todos estos cuadros clínicos, que son casi 90, pueden activarse o incendiarse con este cambio del intestino hacia una mayor permeabilidad” ratifica el especialista.

Las causas

Una crisis emocional, un disgusto, una tristeza, una depresión, una pérdida que volvió al intestino más sensible; la mala alimentación que tenemos la mayor parte de los argentinos, basada en refinados, harinas y procesados cuando hay gente que genéticamente tiene una mala disposición a ellos; temas hormonales, menstruaciones, partos y menopausia; fármacos, antibióticos, analgésicos, quimioterapia; virus digestivos, covid y cirugías, principalmente la de vesícula.

Los límites de la medicina convencional

La medicina ha diseccionado tanto, por decirlo así, al cuerpo humano, enfocándose y especializándose en cada una de sus partes, que quizás está dejando de lado aspectos esenciales como su maravillosa cohesión. En ese punto ha aparecido en escena una variante llamada medicina funcional, holística o integral, que “lo que tiene de lindo es que ve al paciente integralmente. Ellos proponen no sólo atender el síntoma de raíz, sino también que la persona haga una medicina preventiva en cuanto a vivir en comunidad, tener un propósito en la vida, la espiritualidad, la importancia del ejercicio y la meditación”, explica el gastroenterólogo, quien sostiene que esto ya se viene trabajando en algunos lugares y que lo importante será llevar esos hallazgos a investigaciones serias, con la dificultad de que no hay mucho financiamiento.

Un tratamiento posible

Algo positivo es que hay soluciones y están repercutiendo muy bien en muchos pacientes. Facundo Pereyra creó su Programa MDB15, fusionando la dieta de eliminación de la medicina funcional y la dieta foodmap (dieta clásica de la gastroenterología), pero quitando algunos otros alimentos e incorporando suplementos como el magnesio, el vinagre de manzana, omega 3, probióticos. “También sumamos gestión del estrés activa, esto es meditación y ejercicio, cosas que uno puede hacer todos los días para luchar contra el estrés. El estrés podemos mejorarlo y aliviarlo”, apunta el médico argentino.

La iniciativa ha sido puesta a disposición gratuitamente en una comunidad de Facebook y también se ofrece con una modalidad de grupos que cuentan con asistencia profesional y monitoreo permanente.

Si bien esto nació y tomó impulso en redes sociales, Pereyra sostiene que “nuestra misión es llegar a los hospitales públicos. Estamos investigando con mi hermano, haciendo recolección de datos y medición de resultados para que los médicos nos crean porque hoy la comunidad nos tiene resistencia y con mucha lógica porque nadie cree lo que no está avalado científicamente, así que estamos en ese camino”.

Cerramos esta nota con una síntesis práctica: quien se encuentra sano debe aumentar el consumo de plantas y bajar el de procesados, agregando un alimento fermentado en el día. En cambio, quien tenga síntomas porque es adicto a la comida, obeso o padece una enfermedad crónica, debe realizar un tratamiento de adicción con un control exhaustivo.

Una vez que el organismo esté limpio se pueden empezar a incorporar alimentos, quitando solamente aquellos con los que se detecte una marcada sensibilidad. En definitiva, no se trata de prohibir ningún producto sino de cuidar a nuestro organismo para que funcione lo mejor posible.

Fuente: argentinainvestiga.edu.ar