Voluntariado Hospitalario en el Hospital de Pediatría Garrahan

El voluntariado de hospital es una tarea gratuita, altruista y solidaria que acompaña a los niños y niñas internados cuando no tienen mamá, papá o cuidadores que los atiendan durante su paso por el hospital. La historia de Diana, una colaboradora que desde hace 5 años brinda amor y contención en las salas

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El Hospital Garrahan llegó a tener unos 25 voluntarios y voluntarias que realizaban distintas tareas de acompañamiento en el Hospital. Hasta que la pandemia obligó a reducir la circulación de personas para prevenir los contagios y hubo que prescindir de estos valiosos cuidadores y cuidadoras. En el día del Voluntariado de Hospital, la historia de una de nuestras colaboradoras más antiguas, puede ser inspiradora para quienes buscan realizarse a través de acciones comunitarias, altruistas y solidarias.

Diana Morea siempre tuvo ganas de hacer algo por la gente. Una vez donó una silla de ruedas al Hospital Elizalde. Fue la primera acción que la acercó a un centro de salud pediátrico. Después, en la fila de un banco, una mujer le sugirió ir al Garrahan. Le contó que era un hospital de alta complejidad y que iban chicos de todo el país. Entonces llamó y habló con el Servicio Social. Al día siguiente estaba cuidando nenas y nenes internados. Era 2017.

Diana tiene 62 años y vive en Palermo. Trabajaba como administrativa en Contaduría General de la Ciudad, hoy está jubilada. Desde esa vez, su vida cambió para siempre. “Ser voluntaria me enseñó a vivir mejor afuera. A valorar mucho más todo. A no quejarme tanto”, dice. “No a conformarse”, aclara, “pero sí a tener una mejor actitud frente a las cosas”.

Para ella, hay tres cosas imprescindibles para hacer esta tarea: 1. Respetar a quienes vas a cuidar 2 Seguir la intuición para tratar a las familias 3. Tener responsabilidad para responder a las necesidades de las y los pacientes y sus familias.

“Entré con mucha fuerza interna”, dice Diana, que hoy reparte su tiempo libre a las necesidades del voluntariado, el cuidado de su perro Ciro –un caniche toy que es su vida– y clases de gimnasia. ¿Qué tareas realiza? “Dialogar con la mamá y el niño o la niña, transmitirles confianza y esperanza. Cuando la madre se va me invade una gran responsabilidad porque el cuidado queda a mi cargo: controlar que le den la medicación, lo que dicen los médicos y otras necesidades de los chicos”, dice.

Qué es el voluntariado

Antes de la pandemia, contaba con un grupo de 25 voluntarixs que acompañan a los niños, niñas y adolescentes internados cuando no tienen padres o cuidadores que puedan hacerlo. Su disponibilidad es los días de semana, pero también pueden ser requeridos sábados, domingos y feriados.

“El tiempo de las personas es sagrado, con lo cual, tener la disposición y la disponibilidad de entregarlo en un acto de tanta generosidad como es cuidar a un chico en una internación es una gran acción para destacar”, asegura Débora Mecicovsky, directora asociada de Atención al Paciente, “el Hospital está muy agradecido por la entrega de colaboradoras como Diana que nos ayudan en una tarea tan importante como es cuidar y contener a los pacientes en la internación”.

La sonrisa inspiradora

La primera vez que cuidó a un paciente tenía miedo. Era una nena de seis años con cáncer. Diana, que es muy creyente, iba por los pasillos pidiéndole a Dios que la ayudara. Entonces, entró a la habitación “con fuerza y alma”, dice, para cambiar la energía que había ahí y transmitirle tranquilidad. “Tenés que estar dispuesto a ayudar a alguien y no lamentarte, a seguir adelante y ponerle garra, y ahí la sonrisa del chico es fundamental”, revive.

Actualmente, solo dos o tres voluntarias como Diana realizan las tareas de cuidado a demanda del Servicio Social en los momentos que se requieren. Para sumarse, solo hay que ser mayor de edad y mostrar interés y compromiso con la tarea, luego de una breve evaluación del área.

Diana agradece la oportunidad que le dio el Garrahan. “Me siento útil. Que una sirve. Como si fuera un trabajo”, valora, “le tomé mucho cariño porque tenía miedo de enfrentar una situación que no tenía nada que ver con lo que yo hacía. Apoyaba a médicos sin fronteras, pero no me bastaba. Quería poner el cuerpo en algo. Hoy me siento una más del Hospital”.

 

Fuente: Hospital de Pediatría Garrahan