La Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), conocida como “Mal de los Rastrojos” es una enfermedad endémica no erradicable, porque el agente que la produce está presente en la naturaleza. Aunque a menudo se la considera equívocamente como “una enfermedad del pasado” o privativa de los trabajadores rurales, esto no se condice con la realidad que muestra que los casos ocurren anualmente, incluso por fuera de las provincias que conforman el área endémica, constituyendo escenarios que exigen una vigilancia exhaustiva y un manejo adecuado de los cuadros clínicos.

Anabel Sinchi, jefa del Servicio de Educación para la Salud y Etica Médica del Instituto Maiztegui

Fruto del trabajo de la ciencia, es una de las pocas enfermedades virales para las que existe una vacuna preventiva y un tratamiento efectivo. Sin embargo, hay un importante porcentaje de la población que aún no ha recibido la vacuna Candid I. También siguen produciéndose muertes, a raíz de que muchas veces se llega tarde al diagnóstico y esto dificulta la administración de plasma inmune, único tratamiento disponible y probadamente efectivo si se recibe antes del octavo día de inicio de los síntomas.

Aunque habitualmente se reportan casos de esta zoonosis, este año la provincia de Buenos Aires experimenta un aumento exponencial señalado por las propias autoridades sanitarias como “el más importante de la última década”. Esta situación ha puesto a la totalidad del sistema en alerta y desde el Programa Nacional de Prevención y Control de la Fiebre Hemorrágica Argentina se ha impulsado una serie de acciones orientadas a favorecer que las provincias mantengan activa la vigilancia e incentiven la vacunación. Al mismo tiempo, se promueve la donación de plasma inmune, un elemento presente en la sangre de personas que han tenido la enfermedad y se recuperaron.

Anabel Sinchi, jefa del Servicio de Educación para la Salud y Ética Médica del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas Dr. Julio Maiztegui, y miembro integrante del Programa Nacional de Prevención y Control de la Fiebre Hemorrágica Argentina, que coordina esa institución, describió la situación actual y apeló a la vacunación con Candid I. Refirió la importancia que tiene la sospecha clínica temprana para facilitar la administración de plasma inmune.

“El área endémica de Fiebre Hemorrágica Argentina está delimitada por el norte, el centro y el sur de Buenos Aires; noreste de La Pampa, sur de Córdoba y el sur de la provincia de Santa Fe. Esa es la zona endémica clásica de esta enfermedad, donde todos los años tenemos casos”, refirió Sinchi a Argentina Investiga, señalando que el promedio anual es de entre 15 y 50 casos para la totalidad del área endémica.

En este punto remarcó que habitualmente los casos son aislados y no ocurren siempre en las mismas localidades, por lo que muchas veces la población no se entera. “Esta es una zoonosis y tenemos que tratar de que los casos sean los menos posibles y en un número que la salud pública pueda manejar”, resaltó.

“Pero lo que tiene que quedar claro es que la Fiebre Hemorrágica no se va a poder erradicar, por lo menos no con la tecnología disponible hoy, porque es una enfermedad que está en la naturaleza”, planteó. “Si el ser humano está en contacto con el reservorio del virus, puede contagiarse”, advirtió, aunque resaltó que “existe la vacuna Candid # I, que se produce en el Instituto Maiztegui y se distribuye a las provincias, que es altamente efectiva para prevenir la enfermedad”.

–¿El comportamiento de la enfermedad es similar al de años anteriores? ¿Puede hablarse de un brote por la cantidad de casos?

–Tenemos un año con una alta incidencia de casos. De las cuatro provincias que conforman el área endémica generalmente hay tres que presentan más casos todos los años: Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. En la última década, la mayor cantidad se había concentrado en Santa Fe y este año observamos un número alto en la provincia de Buenos Aires, específicamente en el Partido de San Nicolás, sobre todo en las localidades de San Nicolás y La Emilia. Eso por supuesto genera una alerta en todo el sistema sanitario.

–¿A qué razones puede atribuirse el incremento del número de casos en esta zona?

–Se investiga todo el tiempo. Nosotros monitoreamos la enfermedad de manera permanente junto a las provincias y a las autoridades nacionales. Lo diferente que se ha notado este año es que hay un aumento de la población reservorio del virus. Esto ha sido advertido por el equipo de trabajo de campo y por las capturas de roedores. Al haber mayor población de roedores, crece la posibilidad de que aquellos que están infectados transmitan el virus a otros roedores y a las personas que entran en contacto con ellos. Entendemos que lo que está pasando puede estar vinculado con eso.

–¿Cuál es la respuesta de la comunidad a la vacunación?

–La vacunación es competencia de las autoridades sanitarias de cada provincia y el proceso es dificultoso porque, si bien es una vacuna de calendario indicada para todas las personas de más de 15 años que viven o trabajan en el área endémica, es difícil vacunar a la población adulta. Esto no sólo sucede para esta vacuna. Tenemos un alto porcentaje de la población adulta que no se vacuna regularmente, a diferencia de lo que sucede con la población pediátrica. La vacuna Candid #1 es un logro de nuestro país, se fabrica en el Instituto Maiztegui, es altamente efectiva y está disponible en forma gratuita.

–¿Tiene alguna contraindicación la vacuna? ¿Cómo convive con la administración de otras vacunas?

–Candid#1 es una vacuna a virus vivo atenuado, esto quiere decir que hay que tener algunas precauciones al momento de colocarla, como con otras vacunas a virus vivo o atenuado. Las personas que tienen problemas inmunológicos, están tomando corticoides, medicación inmunosupresora o padecen enfermedades crónicas o agudas, deberían consultar previamente con el médico tratante para asegurarse de que su estado inmunológico sea el adecuado para vacunarse. Esta vacuna está contraindicada en embarazadas o mujeres que estén amamantando y sólo puede aplicarse en mayores de 15 años. Pero el resto de la población puede recibirla sin inconvenientes; es una vacuna segura y efectiva en la prevención de esta enfermedad potencialmente grave. Lo ideal sería que todas las personas que viven o trabajan en el área endémica estén vacunadas. Uno dice: “Yo vivo en el centro, no me voy a contagiar”, porque asocia la enfermedad con el ámbito rural, cuando en verdad esto no es así.

–¿Hay una percepción equívoca respecto de la enfermedad y sus escenarios de transmisión?

–Sí. Si bien es verdad que el reservorio es un roedor silvestre que está en el medio rural, no menos cierto es que las personas también tienen exposiciones ocasionales en el medio periurbano o rural y allí es posible que se produzca el contagio.

–Esta baja percepción del riesgo ¿hace que sea dificultoso también sospechar de Fiebre Hemorrágica Argentina al momento del diagnóstico?

–Precisamente; a veces es difícil el diagnóstico porque no se sospecha de la enfermedad y la persona no se percibe a riesgo. Esto dificulta la posibilidad de tratar al paciente con plasma ante la sospecha clínica y antes del octavo día de inicio de los síntomas, que es la ventana en que el tratamiento resulta efectivo. Muchos casos de los que se reportan se dan en el área urbana, donde la persona no presume el contagio ni recuerda que quizás fue a la quinta de un amigo, o se detuvo al costado de una ruta, escenarios donde pudo haber estado en contacto con el reservorio del virus. Al enfermar, a veces en el sistema de salud tampoco se sospecha de Fiebre Hemorrágica Argentina y se llega tarde al tratamiento. Lo lamentable es que por esta razón algunas personas mueren, y eso es lo que tenemos que evitar. Todos los años tenemos fallecidos por Fiebre Hemorrágica Argentina.

–¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad?

–La Fiebre Hemorrágica comienza como un cuadro gripal, con fiebre, decaimiento, malestar general. Ante un síndrome febril inespecífico sin compromiso de la vía aérea superior debe sospecharse de Fiebre Hemorrágica Argentina y acudir al médico que, según su criterio, va a pedir un laboratorio clínico para tener un recuento de glóbulos blancos y plaquetas, entre otros, y la va a pensar junto a otros diagnósticos diferenciales, si encuentra alguna anomalía en esa prueba.

–La detección temprana de la enfermedad es esencial entonces…

–Claro; el plasma inmune debe administrarse en forma temprana ante la sospecha clínica. Es importante saber que el diagnóstico de laboratorio va a llegar después. En la práctica reciben plasma más personas de las que después en realidad se confirman como casos de FHA. Hay otras enfermedades que se presentan con síntomas parecidos, pero ante la sospecha y los días de evolución del cuadro, si no se cuenta con otro diagnóstico alternativo, hay que administrar el plasma.

–¿Cuál es el mensaje a la comunidad en el contexto epidemiológico actual?

–Como comunidad debemos estar alertas, y ante la aparición de síntomas compatibles con FHA acudir al médico y evitar la automedicación. Las medidas de prevención –que pasan por cumplir con las medidas de saneamiento ambiental, cuidar la higiene de patios y jardines, evitar el contacto con roedores, lavarse las manos con frecuencia y utilizar elementos de protección al momento de transitar o trabajar en ámbitos rurales o periurbanos–, junto a la sospecha temprana deben prevalecer. Y, por supuesto, la vacunación con Candid #I.

–Ha mencionado la importancia de la administración de plasma ante la sospecha clínica de la enfermedad. ¿Cómo se obtiene?

–El plasma se obtiene de personas que tuvieron Fiebre Hemorrágica Argentina, se recuperaron y se acercan a donar este insumo que resulta vital. Este es un tratamiento probadamente efectivo que logró disminuir la mortalidad por FHA de manera significativa. Hay una red de bancos de plasma interjurisdiccional que se nutre de la donación voluntaria de muchas personas.

El plasma es un recurso finito porque haber reducido la incidencia de la enfermedad hace que no haya muchos pacientes y que, como consecuencia, no sea elevado el número de potenciales donantes. Antes había entre 100 y 400 casos por año y el universo era más amplio. Hoy ese número es menor y además no todas las personas que se recuperan de la enfermedad pueden donar; hay que evaluar su cantidad de anticuerpos y su estado general de salud, es decir que hay una serie de requisitos que deben reunirse. Por eso decimos que es un recurso escaso. Hay quienes donan hasta cuatro veces al año y lo hacen con mucho compromiso porque saben ciertamente que de esa actitud solidaria de ellos depende la vida de otras personas. Tienen mucha conciencia respecto de la importancia de la donación y nuestro agradecimiento a cada uno de ellos es infinito.

–¿Existen campañas de promoción de la donación de plasma?

–Sí, permanentemente se procura poder incrementar el número de donaciones. Si alguna persona tuvo Fiebre Hemorrágica Argentina y se recuperó, les pedimos que se comuniquen con el Instituto Maiztegui si no han sido citados en los últimos dos años. Si bien nosotros tenemos los listados y los contactamos habitualmente, algunas personas se mudan o cambian su número de teléfono y se nos hace difícil ubicarlos. Quienes puedan donar y quieran hacerlo, pueden llamar al 02477-424494, 429713 o 429714, que desde el INEVH los pondremos en contacto con el centro de donación más conveniente según su lugar de residencia.

Fuente: Lorena Berro – Comunicación Institucional – Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires