Donar vida en vida: la historia de Michelle y una donación que llegó de Brasil

El trasplante de células progenitoras hematopoyéticas (CPH) o médula ósea es un procedimiento por el cual se infunden células madre sanas para que una persona enferma pueda regenerar sus células normales y volver a producir células sanguíneas propias. En muchos casos, se trata de la única terapéutica posible para el tratamiento de enfermedades hematológicas, errores metabólicos o déficits inmunológicos. En ese contexto, la donación de médula salva vidas.

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Es el caso de Michelle, de 13 años y paciente del Garrahan, que dos años después de ser diagnosticada con una anemia aplásica severa, recibió la noticia que le salvaría la vida: la médula ósea que necesitaba provenía de un donante de Brasil, inscripto en la Red Internacional de Donantes de Médula Ósea. Hoy, a siete años del trasplante, lleva una vida como la de cualquier adolescente.

“Donar médula es donar vida en vida”, asegura Raquel Staciuk, jefa del servicio de Trasplante de Médula Ósea del Hospital Garrahan, “y es un acto sencillo, solidario y altruista. Luego de eso, el organismo regenera en dos o tres meses todo lo que se donó. Y en ese período, esa persona salvó la vida de otra”, agrega.

Es que las posibilidades de encontrar un donante relacionado – genéticamente compatible- dentro del grupo familiar son apenas de entre un 25 y 30 por ciento. Por eso, la existencia de un Registro Nacional de Donantes de CPH, que depende del Incucai, y su integración a la Red Internacional de Donantes de Médula Ósea, que contiene a 40 millones de voluntarios, es tan importante.

La médula ósea es un tejido que está en la cavidad de los huesos y origina glóbulos blancos, rojos y plaquetas a través de la célula madre.

Se colecta de dos formas: por cordón umbilical, mediante el mecanismo de aféresis, o a través de la donación de sangre, en un proceso voluntario, simple y habitual.

“Fue un alivio ver cómo llega en una bolsita la salvación de tu hija, es muy difícil de explicar y me cuesta mucho hablarlo”, cuenta Norberto —papá de Michelle—, y se le entrecorta la voz.

Hay dos clases de trasplante de médula ósea: el autólogo —se infunden células propias— y el alogénico, en el cual se utilizan células de otra persona genéticamente compatible. Cuando no es posible la primera opción, se recurre al registro de donantes para realizar el alogénico.

“Ella sobrevivió gracias a las más de 200 transfusiones de sangre, plaquetas y granulocitos que le hicieron antes de conseguir el donante de médula”, recuerda el padre y valora la importancia de la donación. “Trato de hablar mucho especialmente con los jóvenes. Gracias a todos los aportes, ella pudo llegar al trasplante”, dice.

Cómo ser donante de médula ósea

Convertirse en donante de médula ósea es sencillo: las personas interesadas pueden inscribirse en cualquier centro que esté asociado al registro de donantes no relacionados que pertenece al Incucai.

En argentina.gob.ar/salud/mapamedula hay un mapa interactivo donde figuran los datos de los 210 centros de donación del país, incluido el Hospital Garrahan.

Los únicos requisitos son: tener entre 18 y 40 años, pesar más de 50 kilos y no tener antecedentes de enfermedades infectocontagiosas, cardíacas o hepáticas.