Percusión inclusiva: de las normas a los hechos

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece que los países “adoptarán medidas para que las personas con discapacidad puedan desarrollar y utilizar su potencial creativo, artístico e intelectual”. Para ello deberán “asegurar que tengan acceso a material cultural en formatos accesibles”. En este contexto, la iniciativa de un músico, en coordinación con el área de discapacidad de Rawson, lleva a la Patagonia talleres de percusión inclusiva.

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Con la Convención (sancionada en 2006, que en Argentina tiene jerarquía constitucional desde 2014) pone de manifiesto una nueva perspectiva en el modo de abordar la discapacidad y refleja la superación de los paradigmas de rehabilitación y beneficencia. A diferencia del modelo médico que se asienta sobre la rehabilitación, el modelo social hace foco en la “rehabilitación de una sociedad que debe ser concebida y diseñada para hacer frente a las necesidades de todas las personas, gestionando las diferencias e integrando la diversidad”, tal como señala Valentina Velarde Lizama en “Los modelos de la discapacidad: un recorrido histórico”.

Al respecto Silvina Castelli, psicóloga y Magister en Clínica Psicoanalítica con Niños afirma: “cuando algo en el cuerpo aparece señalado como déficit y requiere atención de las ciencias médicas, el entorno que acompaña a ese sujeto suele quedar teñido por el diagnóstico y toda su vida marcada por lo que podrá hacer o no hacer. Aquí es necesario generar un corrimiento que habilite la aparición de lo que va más allá del diagnóstico, reconocer que quien presenta alguna condición categorizada como discapacidad tiene cualidades que hacen posible la apertura a nuevas prácticas y producciones”.

 Del dicho al hecho

La libertad de expresión es un derecho humano contemplado en la Constitución Nacional y en tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño: “El niño tendrá derecho a la libertad de expresión (…) ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño”. Así, la accesibilidad debe ser concebida como un hecho transversal generando las adaptaciones necesarias para que las personas con discapacidad puedan participar en el disfrute y creación de experiencias artísticas como, por ejemplo, el ejercicio de la libertad de expresión a través de la música.

En ese contexto, con el compromiso de transmitir experiencias Mariano Irigoyen empezó a organizar talleres de percusión con niñas y niños con sordera o hipoacusia. 

Los encuentros comenzaron como una inquietud personal de Mariano que, mientras era músico profesional en la banda de Nito Mestre, debió abandonar los escenarios a causa de severos problemas auditivos que lo llevaron a perder la audición.  Sobre estas experiencias, Mariano asegura que “con las vibrantes sensaciones y emociones que nos transmite la percusión podemos imaginar, viajar, soñar y compartir sentimientos y estados de ánimo. Intentamos –quienes padecemos hipoacusia o sordera– interpretar la música de otra manera, desde la vibración, desde los silencios, desde el movimiento”. Así nació el proyecto “Música para Creer y Crecer”: el mismo incluye talleres, charlas, materiales audiovisuales y un libro en proceso de edición que recopila experiencias y reflexiones de este recorrido.

 

En la Patagonia, del mar a la cordillera

Luego de varios años haciendo encuentros y talleres realizados en ciudades como La Plata, Cali, Montevideo, Chascomús, entre otras, las “vibrantes sensaciones y emociones” de la percusión llegaron a la Patagonia. Junto a los músicos chubutenses Paula Laurini y Matías Chan, con el impulso de Jéssica Capellán -directora de Discapacidad de Rawson–  los talleres pasaron por Puerto Madryn, Rawson y Gaiman. Las próximas paradas del viaje musical serán en el otro extremo de la provincia del Chubut: Lago Puelo, Esquel y Trevelin (15, 16 y 17 agosto). Los talleres son abiertos al público, especialmente orientados a personas sordas o hipoacúsicas, profesores de música y educación especial, terapeutas y especialistas en carreras afines. 

Al ritmo de panderetas, bombos, palos, batería y cajón peruano, la iniciativa de Mariano, en articulación con organismos como la Dirección de Discapacidad de la capital chubutense, concreta en los hechos la letra de la ley. En cada taller cobra vida aquello que señala la Convención para que “las personas con discapacidad puedan desarrollar y utilizar su potencial creativo, artístico e intelectual”.