Balón gástrico y obesidad: de las expectativas a la realidad

Este tratamiento, muy publicitado en el último tiempo, es solo una de las alternativas disponibles. La Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) detalla lo que hay que saber y aclara que no está vinculada con los programas que buscan su implementación.

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La obesidad es una pandemia que afecta a un número creciente de personas. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para 2025 un total de 167 millones de adultos y niños serán menos saludables por tener sobrepeso u obesidad[1].

Ante este panorama, la Medicina se esfuerza por encontrar distintas alternativas terapéuticas y abordajes que permitan torcer el curso de esta enfermedad crónica, de causas multifactoriales. Tal es el caso del balón intragástrico, una opción muy publicitada en los últimos meses, en el marco de un programa que busca impulsar su implementación y con el cual la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO) no posee vínculos. Así lo advirtió la SACO, que también ha elaborado un documento de posición respecto de este tratamiento en el que brinda los detalles que hay que tener en cuenta.

“Los balones intragástricos son una herramienta útil pero por ser la obesidad una enfermedad crónica y requerir un tratamiento y seguimiento prolongados, desde la SACO queremos alertar que no es un procedimiento inmediato”, enfatizó el doctor Jorge Harraca, presidente de la SACO.

En ese sentido, el especialista precisó que los balones intragástricos se colocan tanto mediante endoscopía como sin endoscopía dentro del estómago, donde ocupan un espacio y generalmente generan en el paciente cierta restricción para la alimentación. “Son una modalidad de tratamiento que está reservada para pacientes que tienen apenas un discreto exceso de peso y necesitan una ayuda para modificar sus hábitos o para pacientes que tienen un grado de obesidad tal que deben descender de peso antes de realizarse una cirugía bariátrica. También en ocasiones especiales, como es la realización de algún tipo de procedimiento quirúrgico para el cual el paciente debe descender de peso, como ocurre con algunas operaciones traumatológicas y ortopédicas”, detalló.

Harraca aclaró además que “en el tratamiento de la obesidad es necesario modificar los hábitos y estas herramientas ayudan, pero no son todo para la solución de una enfermedad crónica como es la obesidad”.

En ese sentido, aseguró que el balón intragástrico es un elemento dentro de un enfoque más amplio que debe incluir los cambios de hábitos alimentarios, la educación, el control médico y emocional, indispensables al momento de tratar esta enfermedad crónica.

Por eso, el experto hizo hincapié en la necesidad del abordaje multidisciplinario de la obesidad, con participación activa de especialistas de clínica, nutrición, cirugía y psicología, entre otros.

El documento de posición de la SACO respecto de los balones intragástricos (BI) detalla que éstos son una opción mínimamente invasiva para el tratamiento de la obesidad. Basa su mecanismo de acción en la ocupación parcial de la luz del estómago disminuyendo el volumen de ingesta, requerido para conseguir saciedad.

Este dispositivo ha ido ganando popularidad debido a su perfil de seguridad alto y frecuente buenos resultados en la pérdida de peso a corto plazo.

Existen diferentes modelos de BI, llenos de líquido o de aire, ajustables o no, de colocación endoscópica o ingerible, sin diferencias significativas en la pérdida de peso entre ellos, siendo todos temporales.

Muchos estudios han demostrado la eficacia de estos dispositivos en la pérdida de peso a corto plazo, con mejoras en las comorbilidades relacionadas con la obesidad. No obstante ello, no es comparable con los resultados obtenidos por la cirugía, avalados por numerosa bibliografía que compara ambos métodos.

El BI debe ser considerado en las siguientes ocasiones, siempre y cuando no existan contraindicaciones médicas para su uso:

  1. Obesidad grados I-II sin comorbilidades (IMC 30-39 kg/m²);
  2. Superobesidad (grado IV con IMC > 50 kg/m²) previo a la cirugía bariátrica para facilitar la misma;
  3. Obesidades mórbidas cuando se desestima la cirugía.
  4. Como preparación para cirugías no bariátricas, en las que se requiere pérdida de peso para lograr mejores resultados, y para el control comorbilidades [8, 9].

Cabe destacar que los BI, bajo ningín punto de vista son una alternativa a la Cirugía Bariatrica y Metabólica cuando el paciente cumple criterios para ella. En todo caso estarían indicados, como se dijo, en aquellos pacientes superobesos, para mejorar las condiciones del mismo antes del procedimiento quirúrgico.

Si bien el balón intragástrico ayuda al descenso de peso durante su permanencia, luego de retirarlo no garantiza el sostenimiento de dicha disminución si el paciente no modifica sus hábitos, haciendo que su colocación no haya tenido sentido.