Estudio de la UNAJ sobre calidad alimentaria de embarazadas en barrios carenciados

Investigadores de la Universidad Nacional Arturo Jauretche indagaron en la calidad alimentaria de embarazadas en barrios carenciados del conurbano bonaerense. El estudio se basó en entrevistas a 170 mujeres durante sus embarazos para conocer cómo se alimentan, cómo acceden a los alimentos y para implementar estrategias de mejora en sus dietas alimentarias.

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Un grupo de mujeres sentadas una al lado de la otra, mientras esperan que las reciba la profesional de salud para sus controles de embarazo, responden un cuestionario acerca de su estado nutricional y de seguridad alimentaria: cómo se alimentan, se salteó alguna comida, alguna vez pasó hambre, qué tipo de dieta alimenticia logran, consumen en exceso algún alimento en particular.

Las respuestas describen las condiciones de vulnerabilidad con las que el grupo de mujeres y sus familias afrontan sus embarazos. Las preguntas fueron formuladas por un equipo de investigación a 170 embarazadas en las salas de espera de dos centros de atención de la salud ubicados en barrios con un elevado porcentaje de la población por debajo de la línea de pobreza, y una gran disparidad en el acceso a servicios básicos para miles de familias que viven en situaciones muy difíciles. A lo largo de las entrevistas, ese momento se transforma también en un espacio de escucha y de contención, las embarazadas también cuentan sus historias personales, cómo viven el día a día y las necesidades que atraviesan.

A partir de los resultados obtenidos con las entrevistas, se implementan estrategias de apoyo, capacitación para mejorar la dieta de las embarazadas, de promoción de la salud, prevención de enfermedades y de articulación con distintos actores gubernamentales y no gubernamentales para intentar mejorar esas condiciones nutricionales. Se realizan actividades, talleres, charlas y logística para mejorar el acceso a más alimentos con un menor costo a partir de un trabajo donde se convoca a los equipos de profesionales y de orientación del municipio (a través de las secretarías de Salud y de Desarrollo Social), la Universidad Nacional Arturo Jauretche, los hospitales y el INTA.

El proyecto se centra en la evaluación de las condiciones de nutrición, crecimiento y desarrollo en embarazos de bajo riesgo en el Centro Integrador Comunitario (CIC) “Don José” y en el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) de Villa Mónica, ambos ubicados en el distrito de Florencio Varela. Surge a partir de la convocatoria Ciencia y Tecnología contra el Hambre del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, (MINCyT), junto con el Ministerio de Desarrollo Social y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales. El trabajo se lleva a cabo a través de la Unidad Ejecutora de Estudios de Neurociencias y Sistemas Complejos (ENyS), dependiente de la UNAJ, Conicet y el hospital de Alta Complejidad “El Cruce” de Varela. Está conformado por un equipo interdisciplinario integrado por Paula González, directora de la ENyS, Noelia Bonfili, antropóloga, las enfermeras Mariela Nieves y Roxana Paredes, la obstetra Mercedes Medina, estudiantes de la UNAJ e integrantes del voluntariado “Vicente Ierace”.

Condiciones sociales, culturales y de alimentación

Los centros de salud donde se realiza este estudio están situados en las localidades de Gobernador Costa y Villa Vatteone, ubicados en Florencio Varela. Ambos lugares del conurbano bonaerense tienen grandes falencias a nivel servicios básicos. De hecho, según el estudio, el 40% de los hogares de las embarazadas no tiene conexión cloacal, el 43% carece de agua potable, y en un 5% de las casas se cocina con gas natural. Seis de cada diez mujeres no completó el secundario y la mayoría está desempleada aunque reciben algún tipo de ayuda social (Asignación Universal por Hijo, Tarjeta Alimentar y/o Plan Social).

Este escenario marca el alto nivel de vulnerabilidad, para conocer esa realidad con mayor profundidad, Paula González, explica: “Utilizamos una escala de análisis donde se pregunta a las personas el grado de inseguridad alimentaria, que se mide por la disponibilidad y la cantidad de alimentos necesarios para una determinada etapa de la vida”. Según el relevamiento a las 170 embarazadas de ambos centros de salud, el 47% de las mujeres presentaron inseguridad alimentaria. “En muchos casos, respondieron que algún día pasaron hambre, se saltearon comidas, comieron menos de lo que pensaban que debían o necesitaban comer, todo esto indica situaciones graves de inseguridad alimentaria”, define González.

La mala o la falta de alimentación implica consecuencias para la salud de esas embarazadas. Por este motivo, es importante la tarea que se realiza en los centros de salud para evitar mayores riesgos ya que, según la directora de la ENyS, “estamos trabajando con embarazos de bajo riesgo donde la prevalencia más alta de enfermedades puede ser diabetes o presión, que son las dos patologías más frecuentes como complicaciones en los embarazos”. Por eso aclara que la muestra “no es representativa de toda la región porque los casos de embarazadas con enfermedades son atendidos en los hospitales”. Es por este motivo que la prevalencia de enfermedades es baja, registrándose en los antecedentes de salud casos asislados de hipertensión, COVID-19 y otras enfermedades como sífilis, hepatitis y migraña ocular.

El proyecto contempla el seguimiento de las participantes y sus hijos/as. Se trata de un estudio longitudinal en el que se relevan datos de tipo socio-ambientales, de salud, antropométricos (peso, estatura, perímetros, diámetros y pliegues cutáneos) y nutricionales. Si las participantes son reclutadas durante el primer o el segundo trimestre de gestación, se las convoca nuevamente para una segunda sesión de recolección de datos en el tercer trimestre. Luego, se recuperan los datos antropométricos al nacimiento de su hijo/a.

Respecto de las condiciones sociales de la muestra, Noelia Bonfili remarca: “Sabíamos que había situaciones de vulnerabilidad por la zona donde estamos trabajando, pero precisábamos conocer el estado nutricional, relevar cómo se alimentan y también los ingresos para ver la realidad que están viviendo estas mujeres y a partir de esto, analizar nuestra intervención porque es muy fácil indicar cómo deben alimentarse pero acá hay que tener en cuenta que tienen ingresos que rondan entre los 16 mil a los 38 mil pesos, para cinco personas a lo largo de un mes”. Bonfili reconoce que buscan orientar a estas personas “a que lleven una alimentación más saludable con su realidad, contemplando sus costumbres, sus gustos, y sus posibilidades”.

La alimentación de las embarazadas

En este sentido, Paula González explica: “La seguridad alimentaria se mide en cuanto a cantidad pero también, la adecuación al consumo social y cultural”. Por este motivo el estudio no sólo contempla las distintas comidas y alimentos, sino que también analiza las costumbres y los hábitos alimenticios. “Evaluamos los distintos grupos de alimentos para tener una idea de lo que consumen con mayor frecuencia y si existe variedad de alimentos como carne, harinas, frutas, verduras; esto nos da un perfil para la población que estamos estudiando” señaló González a Argentina Investiga y consideró que “hay una correlación entre el nivel de ingresos y una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad por el consumo de alimentos ultraprocesados, a base de harinas y azúcar. Por ejemplo, el mate se consume con una cucharada de azúcar por cada cebada”.

A partir de los datos recolectados, la situación es alarmante con respecto a la dieta nutricional: la mitad de las embarazadas consume lácteos con una frecuencia de 2 a 4 veces por semana, o menos. El consumo de hidratos de carbono (incluyendo papa, batata, y cereales refinados como arroz blanco, pastas, tartas, empanadas y pan blanco) y de proteína (carne roja, pollo y huevos) es elevado. La mayor parte de las mujeres consume estos alimentos al menos una vez al día. Respecto de las frutas, la mitad indicó consumir al menos una vez al día. En cambio, con las verduras, sólo el 20% las consume al menos una vez al día. El pescado, ya sea fresco o enlatado, casi no forma parte de sus dietas: no consumen este alimento o lo hacen menos de una vez al mes.

Estrategias para mejorar la alimentación

En función de esto, la implementación de actividades, talleres y charlas para acompañar a las embarazadas con la alimentación se vuelve central: “Allí se presenta una dieta variada y recetas en las que se incluyen distintos grupos de alimentos, siempre teniendo en cuenta que no podemos hacer algo prescriptivo por las condiciones de las personas ya que, por ejemplo, es común que nos cuenten que cuando hay una fruta barata compran un montón y lo consumen en un día; buscan en la medida de sus posibilidades”, explica la antropóloga Paula González.

Mariela Nieves y Roxana Paredes son licenciadas en Enfermería graduadas en la UNAJ y desde el equipo de investigación organizan estos talleres y charlas: “Se habla sobre lo diario y lo cotidiano que las mujeres tienen que conocer como, por ejemplo, la ubicación de las verdulerías más cercanas para comparar precios ya que la mayoría de las embarazadas cuenta con la asignación universal, la tarjeta alimentar; desde los talleres de nutrición reforzamos los tipos de alimentos con los cuales conviene seguir en un embarazo como por ejemplo, desconocen las propiedades nutricionales de las lentejas y acceden continuamente a las papas”, explica Paredes. Por su parte, Nieves remarca la importancia del proyecto: “Con la investigación ratificamos (porque se sabía de antemano) que existe una gran necesidad de acceso a distintos alimentos y desde nuestro lugar, buscamos estrategias que puedan implementarse a partir de una articulación con los distintos organismos”.

La estrategia de trabajo y acompañamiento debe ir más allá de este proyecto de investigación. Por eso, es fundamental la tarea realizada de manera articulada no sólo con los equipos interdisciplinarios de los centros de salud, sino también con distintas instituciones. En esa línea, Paula González remarca que “por un lado, trabajamos en conjunto con los equipos de salud y de trabajo social del CIC y del CAPS y, por otro, a través del municipio de Florencio Varela, estableciendo un día para que lleguen al lugar bolsones de fruta y verdura a un precio económico, con el INTA, en la implementación de huertas en el mismo CIC y en las casas, también con la participación de la Universidad Nacional Arturo Jauretche a través de sus docentes investigadores/as y estudiantes”.

La falta de controles durante el embarazo

Un problema que se presenta con las embarazadas es la falta de controles. Suele suceder que llegan al CAPS para realizar alguna consulta con los embarazos muy avanzados: “Hemos tenido casos donde llegaban por primera vez a la consulta con embarazos de cinco o seis meses”, ilustra la investigadora Paula González.

A su vez, Mercedes Medina, obstetra del CIC “Don José”, amplía esta situación diciendo que “hay mujeres que se acercan al CIC por falta de menstruación pero indagando un poquito, miro la panza y les pido que se acuesten porque después de las doce semanas ya se puede palpar la altura uterina, incluso se pueden escuchar lo latidos. Hay mujeres que vienen por primera vez y, la altura uterina, me confirma un embarazo de 25/30 semanas, aproximadamente. Obviamente que la primera ecografía ya no es para confirmarlo sino que es para ver cómo viene pesando el bebé, cómo está el líquido amniótico, la placenta”.

Por último, la enfermera Mariela Nieves considera que “en los controles prenatales siempre se da una dificultad porque generalmente hay pocas embarazadas que los cumplen. Y en esto también se observa lo que trabajamos en conjunto: desde enfermería pensamos en estrategias de promoción de la salud y prevención de enfermedades brindando charlas para informar y explicar la importancia de los controles prenatales”.

Fuente: Julio Longa – Prensa y comunicación institucional – Universidad Nacional Arturo Jauretche