Último encuentro del ciclo “Cerebro y Mujer II: Mitos, Realidades, Distintas Perspectivas”

Se realizó en Tecnópolis y participaron, la socióloga e historiadora feminista Dora Barrancos; la directora de Gestión e Innovación de Inmark Europa Yolanda Ursa; las economistas Diana Suárez y Florencia Fiorentín y la antropóloga Claudia Briones.

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Desde el espacio del CONICET en Tecnópolis, se llevó adelante el último encuentro del ciclo virtual “Cerebro y Mujer II: Mitos, Realidades, Distintas Perspectivas”, organizado por la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencias y Sistemas Complejos (ENyS, CONICET-HEC-UNAJ) y la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT).

Para ver el último encuentro del ciclo virtual “Cerebro y Mujer II: Mitos, Realidades, Distintas Perspectivas”, haga click aquí.

Desde Madrid, Yolanda Ursa, directora de Gestión de la Innovación de Inmark Europa y coordinadora científica del proyecto GENDER STI, presentó:

“Igualdad de Género en los Acuerdos de Cooperación Internacional en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI)”.

“Estos encuentros ayudan a todas y todos para avanzar en la igualdad de género”, comenzó diciendo Yolanda Ursa quien luego, presentó los resultados de una encuesta realizada en el marco de Gender STI en la que participa como socia la RAGCyT “con lo cual estamos trabajando juntas en este proyecto y en todas las actividades internacionales que conlleva”, afirmó Ursa.

El objetivo de la encuesta es evaluar el estado actual de género en la cooperación internacional en materia de CTI. Para ello, se analizó la igualdad de género en los acuerdos bilaterales y multilaterales entre países europeos y Argentina, Brasil, México, Canadá, Estados Unidos, Sudáfrica, India, Corea del Sur y China. Esto se realizó entre junio y septiembre de 2021 y tuvieron más de 200 respuestas recibidas.

“Una de las preguntas es si en los acuerdos de cooperación CTI se incluyen disposiciones relacionadas a género. El 30% de los y las encuestadas desconoce si sus organizaciones incluyeron disposiciones relacionadas con género en los acuerdos mientras que más del 54% ha respondido siempre o a veces”, detalló la especialista.
Y continuó: “En el Proyecto Gender STI (financiado en la UE) nos enfocamos en tres áreas: la primera es la igualdad de género en las carreras científicas; en el equilibrio de género en la toma de decisiones y en la dimensión de género en el contenido de la investigación e innovación”.

En conclusión, del análisis de la investigación se desprende la importancia de la participación de las mujeres en la negociación de los acuerdos de CTI, que las y los investigadores carecen de información sobre los acuerdos bilaterales y multilaterales de CTI, que las mujeres tienen diferentes oportunidades según el país en el que trabajen, que las oportunidades profesionales y la promoción de las mujeres son un factor importante para lograr la igualdad de género en CTI. “Debe haber igualdad de oportunidades para todas y todos, independientemente de su sexo”, concluye Ursa.

Luego, fue el turno de Diana Suárez, Economista, CIC-PBA, Economía del Conocimiento-IDEI/UNGS e investigadora en el Centro Interdisciplinario de Estudios de Ciencia, Tecnología e Innovación (CIECTI), brindó una charla sobre:

“Equidad de género y producción de conocimiento: impactos y desafíos en el mundo post-covid19”.

“¿Qué significa la brecha de género y ciencia? Significa que el conocimiento que producimos está sesgado, ese conocimiento que pensamos que es impoluto, científico y neutral tiene sesgos en los temas que se investigan, en los resultados y desde luego hay sesgo en el impacto”, explica la economista.

Y luego aporta a través de las cifras: “¿Por qué tenemos esta brecha? La participación de las mujeres en la carrera académica es más baja que los varones. Si bien estamos mejorando la participación es más grande en la base de la pirámide que en la cima. Esto explica porque la brecha salarial se mantiene en torno al 30%. También tenemos sesgo en el proceso de investigación, en el lugar en que aparecemos en las publicaciones, rol que cumplimos las mujeres en el interior de los equipos en los que participamos. El tercer aspecto es porque tenemos un sesgo tremendo en el proceso de evaluación porque la ciencia está masculinizada. Esto desde luego va a impactar en esa estructura. El último ítem es el de la comunicación y en cómo se comunican los resultados de la ciencia”.

Y continúa: “La realidad es que el proceso, la comunicación, la evaluación y la comunicación están masculinizadas. ¿Cómo podemos avanzar? La sensibilización es fundamental, tenemos que seguir generando estos espacios, dando este debate y planteando como percibimos las cosas. La siguiente es la transversalización, necesitamos pensar la perspectiva de género atravesando cada una de las instancias del proceso de producción del conocimiento, el cupo es totalmente necesario porque estamos en un sistema que nos ha discriminado sistemáticamente, entonces mi trayectoria es distinta a la de un varón con mi misma edad. Además de la transversalización necesitamos una agenda”.

Para finalizar, Suárez reflexiona acerca de las acciones que pueden mitigar la brecha de género: “Cualquier agenda de políticas públicas y acción tiene que contemplar la perspectiva de género. Necesitamos agendas transversalizadas. Para finalizar, las y los invito a seguir hablando, a no callarse, a hablar de género, contar nuestra perspectiva, debatir cuestiones de género no tiene que ser solamente una cuestión de los eventos de género. Tenemos que hacer que la cuestión de género sea lo políticamente correcto”.

Posteriormente, Florencia Fiorentín, economista y becaria del CONICET en la Universidad Nacional Gral. Sarmiento, expuso:

“Derribando mitos sobre la “objetividad” del conocimiento: la importancia de avanzar hacia una agenda de ciencia y tecnología feminista”.

“Me dedico a los estudios de la CTI con una perspectiva sistémica, crítica y feminista y con una mirada desde el sur”, expresó Florentín al comenzar su charla donde muestra los resultados de una investigación sobre el proceso de asignación de los Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) entre mujeres y varones.

“Los resultados nos sorprendieron bastante porque cuando observamos a nivel agregado la distribución de investigadores e investigadoras es parejo y la mitad de las personas que hacen investigación son mujeres, en los PICT casi la mitad de los proyectos que se presentan son dirigidos por mujeres. Ahora la probabilidad de acceder en términos de adjudicados sobre presentados es más baja entre las mujeres en comparación con los varones. Armamos nuestro modelo econométrico y nos pusimos a ver cuál era la posibilidad de acceder entre mujeres y varones. A mismas condiciones, misma edad, misma área de conocimiento las mujeres tenemos menos posibilidades de ser financiadas, lo mismo en las STEM. ¿Esto por qué ocurre?, se pregunta la becaria.

Y reflexiona: “Estas brechas se observan porque estamos en un sistema de acumulación patriarcal que responde al varón promedio, blanco y de un país desarrollado terminamos ajustando las agendas a las temáticas que importan a las revistas internacionales para alcanzar prestigio. Entonces terminamos ajustando nuestras agendas a agendas que no responden a nuestras necesidades como mujeres y a las necesidades de un país subdesarrollado como Argentina. El conocimiento que requiere este sistema es sesgado. Esa objetividad que se supone que tienen los procesos de evaluación es evaluadores está sesgada. Nos queda seguir y construir una agenda feminista y soberana”.

A su turno, Claudia Briones, antropóloga, investigadora del CONICET y profesora de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos del Cambio (IIDyPCa, CONICET-UNRN), presentó:

“Lo personal es político y lo académico también: ¿cuándo y cómo el género deviene o no en agenda de investigación?”.

Briones realizó un recorrido por su trayectoria y como “anudó” lo personal con lo académico. Parafraseando a George Devereux en su libro “De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento” Siempre estamos reparando algo con aquello que investigamos, sostuvo la antropóloga quien marcó algunos hitos en su formación profesional que la llevaron a involucrarse en temas de género y pueblos originarios.

“Mi tránsito de adolescencia a juventud fue en 1973 cuando entré a Letras, tenía convicciones firmes y creíamos en el hombre nuevo así que el nombre lo dice, el género no era un tema en esa época. Luego hice un doctorado en Estados Unidos a principios de los ´90, importante para compartir cuestiones de género como mujeres académicas de diferentes países. En estas etapas formativas no tenía mucho tiempo para pensar en el género”, explica Briones.

Y sigue: “Como antropóloga todo esto fue pasando mientras me involucraba con pueblos originarios en Patagonia y cuando trabajamos con poblaciones subalternizadas son muchas las asimetrías y las desigualdades que se cruzan. En 1995 se realiza un Encuentro preparatorio de Mujeres en Beijing y va a haber una mesa de mujeres indígenas. ¿A qué mujeres indígenas invitaron? A ninguna, me contestaron”.

“El género entró en mi agenda de una manera relacional y contextual. En 2005 se consolida el Movimiento de Mujeres Indígenas por el buen vivir y como no hacer espejo con estas mujeres tan luchadoras. En ese momento el género está empezando a ser un horizonte en mis investigaciones. Que importante abrirnos intelectualmente y sobre todo afectivamente a diversas disidencias. Ahí vamos a advertir las camisas de fuerza que imponen distintos parámetros normativos que los hay muchos y están anudados intrincadamente. Y sobre todo nos permite advertir cosas que no son fáciles de advertir sobre todo cuando las injusticias no nos afectan directamente. Entonces poner la oreja en las disidencias siempre enseña. Además, tendríamos que ejercitar la tecnología de la humildad y nos vendría muy bien porque creo que las mujeres jugamos el juego de la masculinización en ciencia”, explica la antropóloga.

“Hay muchas cosas por las que tenemos que luchar juntes, hay muchas injusticias por las que pelear, espantan los femicidios y duelen mucho como me espantan los asesinatos de Rafael Nahuel, de Lucas Gonzáles y de Elías Garay No nos podemos olvidar de esto, no nos podemos olvidar de ellos”, sostuvo Briones.

Para finalizar, el segundo ciclo de Cerebro y Mujer, Dora Barrancos, socióloga e historiadora feminista del CONICET y asesora presidencial, presentó:

“De la “naturaleza naturanda” a la injerencia de la cultura”.

Al comenzar, Dora Barrancos celebró la presencialidad: “La copresencia en este ámbito de Tecnópolis CONICET es como un regreso a casa. Vibrar con esas jóvenes que son circunstantes de desafíos colocando nuevas cuestiones, nuevas preguntas y obviamente mostrando como hemos superado un hito anterior”.

“Sin sensibilidad no hay cambio posible porque tiene que haber un movimiento interno, tiene que haber una desestructuración del modelo de subjetividad. Hay dos grandes posiciones epistémicas, una francesa que dice que la ciencia se hace solo con la perspectiva de adentro de la ciencia y hay otra, una perspectiva anglosajona que dice que la ciencia se hace con la perspectiva que viene del lado de afuera”, explica.

Luego, Barrancos, leyó frases del libro de Georges Canguilhem “Lo normal y lo patológico” (1943) que “construye el significante de la relación cerebro y mujer y felizmente tenemos este encontrón porque en el siglo XIX las mujeres éramos descerebradas felizmente. Este texto es una bocanada para vincularlo a nuestras nuevas conceptualizaciones de ruptura”, explica la socióloga.

Después de mencionar algunas de las grandes rupturas epistemológicas, Dora Barrancos sostiene: “Estamos viviendo un tsunami y ya no se pueden decir las tonterías que se decían en el pasado. Todo tiene que estar penetrado por la perspectiva de género y con múltiples otras intersecciones desde hace 15 años a ahora. Hay que construir otros paradigmas, la biología se deja sacudir a veces, otras veces no. El peor enemigo del conocimiento científico es el conocimiento científico. Ahí está el obstáculo, en las resistencias monolíticas que persisten en las estadísticas que mostraron Diana Suárez y Florencia Florentín”.

Y sigue: “Ahora, es una cuestión no solo de los varones en la ciencia, es una cuestión de las mujeres en la ciencia y ese es un problema. Tenemos mucho que hacer y no dejo de pensar en la enorme responsabilidad que tienen las jóvenes científicas de hoy en día que desafían esa melodía tenebrosa de la objetividad cultural del conocimiento científico y se animan a ponerle emoción, vibración y política a esas cuestiones. El conocimiento es situado y esa es su única performatividad, pero no tiene ninguna regla presidiendo la vieja orquestación del objetivo universal inexcusable por el cual era imposible decir ´acá estoy yo´”.

Para concluir, Dora Barrancos, sostiene: “Estoy segura de que tenemos una ruptura paradigmática firme sobre todo en nuestro país y en muy poco tiempo ocurrirá que este tipo de trámite locutorio sea absolutamente pasado de moda”.

Por su parte, Silvia Kochen, neurocientífica, documentalista, directora del ENyS (CONICET-HEC-UNAJ), una de las fundadoras de la RAGCyT y organizadora del evento, agradeció a todo el equipo que llevo adelante el segundo ciclo de “Cerebro y Mujer II”. “Celebro que tenemos nuevos mástiles para algunas banderas iguales y para otras distintas y eso nos da una profunda emoción. Entonces de manera irreverente en este ciclo porque lo empezamos a pensar cuando terminaba la primera ola de COVID-19 y terminaba la segunda ola y estábamos todas muy tristes y preocupadas y estábamos en una lucha grande contra la muerte y es una manera de rendir homenaje a las mujeres y a los hombres que en nuestro país han muerto por la pandemia”.

Posteriormente, Ana Franchi, presidenta del CONICET y una de las fundadoras de la RAGCyT, recordó los inicios de la Red en una época donde estaba naturalizada la situación de las mujeres y reflexionó: “Acá estamos las que nos quedamos porque hay muchísimas que se quedaron en el camino y eso es lo que no queremos para las nuevas generaciones. Y de las que quedamos hay muchísimas que sacrificaron mucho para quedarse. Todavía falta mucho, seguimos peleando para que estas jóvenes y las que vienen después tengan que tener un camino con las mismas oportunidades que sus colegas varones”. Luego, la presidenta del CONICET le agradeció a Dora Barrancos por ser la primera integrante feminista del Directorio del CONICET y por las luchas que llevó y lleva adelante.