En estudios in vitro y preclínicos, un fármaco que se emplea para tratar la hipertensión y la insuficiencia cardíaca desde hace más de un cuarto de siglo logró reducir de manera significativa la cantidad de parásitos que causan la enfermedad de Chagas. De confirmarse estos resultados en humanos, ofrece una luz de esperanza para millones de pacientes crónicos.

El medicamento en cuestión es un betabloqueante, carvedilol, y la investigación fue liderada por científicos del Instituto de Histología y Embriología “Dr. Mario H. Burgos” (IHEM), en Mendoza. Sería otro ejemplo de “reposicionamiento” de fármacos ya aprobados en otras indicaciones, lo cual acelera su introducción en la clínica.

Hasta el momento hay solo dos viejos antiparasitarios aprobados para tratar esta enfermedad, benznidazol y nifurtimox, que actúan sobre el parásito Trypanosoma cruzi y están especialmente indicados en la fase aguda. En la etapa crónica, su empleo debe ser analizado por el médico especialista, tanto por la menor eficacia del tratamiento como por sus efectos adversos.

“Es muy importante descubrir nuevos tratamientos para la fase crónica de la enfermedad. Hasta el momento, nuestros ensayos indican que carvedilol reduciría los niveles de parasitosis en el período de infección aguda.  El próximo paso será estudiar su efecto en la etapa crónica”, indicó la doctora en Ciencias Biológicas  Patricia Romano, líder del estudio e investigadora del IHEM, que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO).

En un trabajo previo, Romano y colegas habían demostrado que la autofagia parasitaria (un mecanismo que le permite a las células reciclar su propio material y sobrevivir) era un proceso vital para la supervivencia del parásito del Chagas y que podía ser un potencial blanco para afectar el ciclo de vida parasitario.

En el nuevo estudio, publicado en “Frontiers in Cellular and Infection Microbiology”, los investigadores demostraron que carvedilol inhibe la autofagia parasitaria y reduce significativamente la infección. “Al bloquear este proceso, el parásito no puede reproducirse en el interior celular e incluso termina muriendo”, subrayó Romano.

De acuerdo con el estudio, carvedilol fue capaz de reducir la infección celular un 50% en comparación con las células no tratadas, mientras que los niveles de parasitosis en ratones tratados se redujeron un 25% respecto de los ratones del grupo control.

“En los ensayos en cultivo utilizamos células de tejido cardíaco de ratón para las que Trypanosoma cruzi presenta mucha afinidad. Este tipo celular es el blanco preferido de este parásito, al punto que la cardiopatía chagásica crónica es una de las patologías más frecuentes de la etapa crónica, sobre todo en nuestro país”, destacó la científica.

A partir de estos resultados, los científicos están poniendo a punto modelos de infección crónica en ratones para probar la eficacia de carvedilol en esta etapa. “También vamos a probar otras drogas similares a carvedilol para determinar cuál es la estructura química responsable del efecto tóxico, lo que podría favorecer el diseño de nuevos fármacos que puedan ser más eficaces”, subrayó Romano.

Otra expectativa es estudiar el efecto de la terapia combinada de benznidazol y carvedilol, “que permitirá reducir la dosis del primero obteniendo una mejor eficacia con menores efectos secundarios para los pacientes”, dijo. Y agregó que “sería muy interesante poder escalar nuestros estudios a niveles clínicos, por lo que estamos siempre dispuestos a trabajar en colaboración con otros grupos”.

Del estudio también participaron investigadores del laboratorio liderado por Romano en el IHEM-CONICET-UNCUYO: Cynthia Rivero, Santiago Martínez, Juan Cueto, Nebaí Salassa y Cristina Vanrell; Mariano Polo, también del IHEM; Carlos Labriola, de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET; Paul Novick de la Universidad Stanford, en San Francisco,  Estados Unidos: Xiaomo Li y David Engman, del Cedars Sinai Medical Center, en Los Angeles, Estados Unidos; y Joachim Clos, del Instituto Bernhard Nocht de Medicina Tropical, en Hamburgo, Alemania.

Fuente: Agencia CyTA-Leloir