Esterilización forzada y genocidio cultural en Canadá

En ese país se cometió ¿comete? un silencioso genocidio contra mujeres de las ‘Primeras Naciones’, tal como denominan allí a los pueblos originarios. Además, durante casi cien años se implementaron políticas para arrancar de sus familias a niñas y niños de comunidades originarias y aniquilar todo vestigio de sus culturas. Por Sebastián Castelli

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Según normas que estuvieron vigentes durante décadas (en la provincia de Alberta, de 1929 a 1972; en la Columbia Británica, de 1933 a 1973) las esterilizaciones forzadas eran prácticas amparadas por la ley. Además existen denuncias que indican que este procedimiento también se realizó en otras provincias y territorios, y en años posteriores a la vigencia de la ley.

La CIDH. En 2019, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –CIDH- señaló haber recibido “informes de mujeres, niñas y adolescentes indígenas que afirman haber sido sometidas a esterilizaciones sin su consentimiento pleno, libre e informado en Canadá”. En ese sentido mencionó reportes sobre esterilizaciones en las provincias de Alberta, Manitoba, Ontario y Saskatchewan. La información a la que accedió la CIDH da cuenta de mujeres que describen procedimientos realizados en hospitales públicos poco después del parto. Entre otras prácticas mencionan ligadura de trompas sin conocimiento, amenazas respecto a la pérdida de tenencia de sus hijos si no aceptaban ser esterilizadas, o que médicos tergiversaban información acerca de “la naturaleza permanente del procedimiento” consistente en la esterilización.

En tanto, en diciembre  de 2018, el Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura expresó su preocupación por informes que dan cuenta de las “extensas esterilizaciones forzadas o coaccionadas realizadas a mujeres y niñas indígenas” en Canadá.

 

“Consentimiento no es preguntar ‘sí o no’ en un formulario. El consentimiento debe ser voluntario, sin ningún tipo de coerción o tergiversación, y específico a un doctor y a un procedimiento concreto” afirma la abogada Alisa Lombard. La abogada –quien pertenece a la primera firma de abogados canadiense fundada íntegramente por personas pertenecientes a pueblos originarios- patrocina a un centenar de mujeres en una demanda colectiva contra profesionales de la salud por haber realizado ligaduras de trompas sin consentimiento entre 2000 y 2010.

En tal sentido la profesora Karen Stote en su libro An Act of Genocide: Colonialism and the Sterilization of Aboriginal Women” describe cómo “la legislación eugenésica formal en provincias como Alberta y Columbia Británica” abarcó varias décadas del siglo XX, en tanto en otras provincias, las esterilizaciones -sin estar legisladas- también se llevaron adelante “con miles de mujeres y niñas indígenas, obligadas a renunciar a la capacidad de tener hijos”.

Karen Stote sostiene que el control de la capacidad reproductiva de las mujeres originarias ha sido fundamental para la “asimilación de los pueblos indígenas a la sociedad canadiense (…) y reducir la tasa de natalidad».

 

“Más propensas a ser víctimas”

En 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –CIDH- publicó el informe “Mujeres Indígenas Desaparecidas y Asesinadas en Columbia Británica, Canadá”. El trabajo analiza el contexto de los crímenes “y la respuesta del Estado canadiense hacia esta situación de derechos humanos”. La CIDH sostiene que las desapariciones y asesinatos “son parte de un patrón más amplio de violencia y discriminación en contra de las mujeres indígenas”. Por su parte “el gobierno canadiense indicó que las mujeres indígenas (…) son tres veces más propensas a ser víctimas de violencia que las mujeres no indígenas”. 

El trabajo indica que las causas aparecen asociadas “con una historia de discriminación que se inicia con la colonización y que continúa a través de leyes y políticas deficientes e injustas” -como la Indian Act y la asistencia forzada a escuelas residenciales-.

 

Escuelas residenciales. La Indian Act de 1876 estableció que “los niños indígenas” debían ser tutelados por el Estado. En ese contexto John Macdonald –por entonces primer ministro- afirmaba que esos niños debían ser apartados de la “influencia de sus padres” enviándolos a escuelas donde incorporarían “costumbres y prácticas de los blancos”.

Así, en 1884 Canadá creó las Indian Residenctial School o escuelas residenciales para alojar a niños pertenecientes a pueblos originarios, patrocinadas por el gobierno y administradas por la iglesia (católica y anglicana). La última de estas instituciones funcionó hasta 1996. Tuvieron como objetivo la asimilación a la cultura dominante occidental. Claro que la asistencia no era opcional, sino que los chicos eran separados compulsivamente de sus familias.

Genocidio cultural

En 2015, tras 6 años de trabajo, se presentó el informe de la “Comisión de la Verdad y la Reconciliación”. El mismo afirma que Canadá cometió un “genocidio cultural” al imponer esa red de escuelas y reveló los abusos que se cometieron allí. En el informe, representantes de las Primeras Naciones señalan que las escuelas residenciales reflejan un intento de genocidio cultural por parte del Estado canadiense, “cuyas secuelas todavía golpean a las comunidades indígenas en el país”.

Mientras duró la infamia de las escuelas residenciales, más de 150.000 niñas y  niños fueron arrancados de sus familias y “arrojados a un lugar extraño y aterrador, en el que sus padres y su cultura serían degradados y oprimidos». Lejos del hogar, de su entorno, afectos y relaciones, se los confinó en asilos donde además de agresiones físicas – psicológicas y sexuales- se los castigó por usar su idioma en un intento por aniquilar todo vínculo con los orígenes “no europeos”. El informe también reporta más de 3000 niños muertos en los internados, entierros en tumbas sin identificar y niños de los que todavía se desconoce su paradero.

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Discriminación, persecución, abandono, mutilaciones, despojo, agresiones y muertes atraviesan la historia de los pueblos originarios en toda América, desde Tierra del Fuego hasta Alaska. La tarea que llevan adelante organizaciones como la Asociación de Mujeres Nativas de Canadá, la Alianza Feminista Canadiense y la Mujeres Nativas de Quebec logran poner en la agenda temas por muchos años silenciados. El reconocimiento de su lucha y el acompañamiento de diferentes organismos internacionales representan un claro impulso y soporte para avanzar por los caminos de la justicia y la inclusión.