Música con niñas y niños con discapacidad auditiva

En talleres que son espacios lúdicos de encuentro se crea una vía de inclusión mediante la cual quienes participan ejercen su derecho a la libertad de expresión. Y lo hacen a través de la música, porque la música no es sólo auditiva. Los sonidos, las vibraciones se perciben con todo el cuerpo.

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Mariano Irigoyen nació en La Plata, y a los ocho años empezó a tocar la batería. En plena adolescencia tuvo su banda y a los 20 se sumó a la de Nito Mestre. Así inició un periplo que duró siete años. Uno de los puntos más salientes de esta etapa fue cuando subieron al escenario de River Plate para tocar como grupo soporte de Paul McCartney. Promediaban los años ´90 y Mariano estaba donde quería estar: la música y las giras convivían con los estudios en la Facultad de Derecho. Pero el sueño, de repente, se esfumó: un día empezó a perder la audición. La indicación médica fue lapidaria: “no podés tocar más”. Mucho dolor, muchas lágrimas, mucha bronca. Ese día la batería quedó en silencio y la abogacía ocupó el centro de la escena. Así pasó una década, lejos de la batería, lejos de la música. La vida que había imaginado y construido junto a la música parecía irrealizable a causa de la hipoacusia. Pero la pasión hizo que Mariano empezara otra vez y comenzó un proceso de reeducación para volver a reconocer los sonidos, los ritmos, las notas musicales. “Me di cuenta de que la música no solo entra por los oídos, no es exclusivamente auditiva. La música también se hace y se percibe con el corazón, con la vista, con todo el cuerpo” recuerda Mariano. En el árido camino para tocar otra vez tuvo que reconocer todo de nuevo: la música, su voz, los instrumentos.

¡A tocar! 

Con el compromiso de trasmitir experiencias y aprender junto a los más chicos, Mariano empezó a organizar y coordinar talleres de percusión. En los encuentros busca que los niños con discapacidad auditiva trabajen la música usando otros elementos, otros recursos: vista, tacto, movimiento del cuerpo, emociones y sentimientos. “Poder tocar percusión con chicos que no escuchan y poder hacer música con ellos es un regalo que me dio la vida. Todo es música. Solo hay que encontrar el ritmo: en los pasos, en la calle, en el corazón” dice Mariano antes de empezar cada taller.

Los talleres como espacios de inclusión y libertad de expresión

Los talleres de percusión son espacios que fueron gestándose en ciudades distantes y diferentes -como Cali, en Colombia; o en Chascomús y La Plata, provincia de Buenos Aires.  Están atravesados por un común denominador: los participantes se integran, disfrutan, crean y juegan al son de la percusión. Primero empezó en Los Hornos, cerca de La Plata, para luego llevar arte, música e inclusión a varios lugares. Si bien las ciudades tienen particularidades que las hacen únicas, en cada taller se respira algo en común: ganas de aprender, curiosidad, fuerza y alegría.

Los encuentros buscan potenciar aptitudes, actitudes y habilidades de quienes participan. Con el cuerpo como principal herramienta y medio por el cual fluye la música, en los talleres conviven panderetas, cajón peruano, bombo legüero, batería, entre otros elementos necesarios para transmitir vibraciones y sentimientos en forma de música. El taller es un espacio vivo, estimulante, flexible y de inclusión. Un lugar donde a través de una dinámica lúdica y de cooperación se da el encuentro y la comunión entre quienes tienen inquietudes y se interesan por la experiencia, más allá de tener o no una discapacidad auditiva. Cada taller es la oportunidad para que el grupo desarrolle actividades en común; se transitan los caminos del aprendizaje a partir de conocimientos previos, redescubriendo saberes y habilidades preexistentes, e incorporando nuevos. “Con las vibrantes emociones que nos transmite la percusión podemos imaginar, viajar, soñar y transmitir sentimientos y estados de ánimo. Los talleres se articulan para potenciar e incentivar el universo creativo de chicas y chicos. Intentamos –quienes padecemos hipoacusia o sordera– interpretar la música de otra manera, desde la vibración, desde los silencios, desde el movimiento” asegura Mariano.

Música para creer y crecer

Las experiencias en los talleres están relatadas en el libro (en proceso de edición) “Música para creer y crecer”. Allí se relatan experiencias y prácticas hilvanadas como una libreta de apuntes. “Se trata de una guía que invita a pensar y hacer, sin pretender ser un libro sobre música y discapacidad auditiva”, cuenta Mariano. Luego de organizar y coordinar talleres de percusión en Argentina, Colombia, Chile y Uruguay con niñas y niños con diferentes discapacidades auditivas “estamos convencidos de que todos podemos hacer música. Cada cosa en el mundo que nos rodea tiene un ritmo, solo hay que saber encontrarlo. Con Sebastián Castelli -periodista, docente y amigo-, fuimos tomando registro de los encuentros, las reflexiones, los ejercicios y demás experiencias, y las volcamos en este libro ‘casi’ terminado”.