«La enfermedad del sistema de salud»

Si la letargia y la somnolencia fueron parte de una díada de síntomas para definir una enfermedad, la analogía es útil para definir a nuestro sistema de salud como enfermo, letárgico y adormecido. ¿Cómo curarlo? Sumar actores, motores de cambios podría ser el camino. Por Soledad Rodríguez

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En un comienzo la investigación sobre enfermedades infecciosas estuvo llena de aventuras en países exóticos. Impulsada por los investigadores ingleses, encabezados por Patrick Manson, nacieron la medicina y las enfermedades «tropicales», entre las cuales se encontraba la enfermedad del sueño, que a comienzos del siglo XX hacía estragos al norte del lago Victoria. La Real Sociedad de Londres envió dos Comisiones a Uganda para determinar el agente etiológico.

….Se llamaba así a esta patología porque, siendo propia de África, afectaba a los hombres de raza negra, sus habitantes naturales, y porque los afectados caían en un letargo o «sueño» previo al coma y a la muerte1.

 

Un sistema de salud es el resultado de múltiples interacciones encaminadas a proteger y, en su caso, a mejorar la salud colectiva e individual, así como a financiar y a organizar la prestación de cuidados de salud. Entre sus principales desafíos están la mejora de la accesibilidad y la calidad, el aumento de la cobertura, la racionalidad, lograr mejor calidad de vida y menor discapacidad, fortalecer la equidad. La suma de coberturas NO es un sistema de salud.

En el momento histórico donde se desempeñó el modelo hospitalocéntrico la epidemiología mundial era a predominio de enfermedades agudas y epidemias (lepra, tuberculosis, F. tifoidea, cólera, difteria, viruela), que requerían de la centralización en los hospitales para su alojamiento, aislamiento, diagnóstico y tratamiento. Hoy, esta situación viró hacia las Enfermedades Crónicas no Transmisibles (ECNT). Esta nueva epidemiología muestra desactualizado a este modelo y obliga a pensar en uno nuevo basado en lo ambulatorio, con una fuerte estrategia de Atención Primaria de la Salud, con un primer nivel de atención fuerte y con cuidados progresivos que garanticen la accesibilidad para cuando estas enfermedades necesiten de los hospitales para sus intercurrencias agudas, su diagnóstico y su tratamiento.

Nos encontramos en una etapa de transformación de un modelo a otro. Hoy somos asistidos por un sistema conformado por hospitales, centros especializados, centros de atención primaria, destinados en su mayor parte a CURAR, partiendo de la premisa de que asistirán “enfermos”.

Al profundizar en algunas funciones de nuestro sistema que debieran potenciar el estado de salud, asistir para impedir que los individuos enfermen, sólo existen caminos efímeros que se agotan en un valle de palabras o deseos; pequeños arroyos que no llegan al gran cauce.

Es así como el subsistema de la Salud Pública está colmado con la atención de enfermos y pocas horas humanas quedan para los sanos, el subsistema de la seguridad social no tiene cobertura real pensada en la prevención. Lo mismo ocurre con el subsistema de la seguridad privada, en el que, además, el concepto de mercancía ligado a la cura de la enfermedad toma una connotación muy potente tornando en fútil el objetivo de prevención para lograr ausencia de enfermedad.

Nosotros mismos como usuarios desconfiamos de las prácticas que nos mantendrían saludables aunque sí creemos ciegamente en el poder de tratamientos que poco pueden hacer en estados avanzados de una enfermedad.  La concepción de efecto directamente ligado al costo es un mal arraigado en nuestra sociedad.

En cuanto a temas de salud somos una sociedad enferma que busca cura. ¿Y si la sanación viniese calzándose la vestimenta del guerrero que lucha por no enfermar y que busca por todos los medios preservar su salud?

En el concepto de cura de un sistema de salud enfermo y aletargado se aboga por incorporar actores que hoy están al margen de la acción.

La OMS estima que a nivel mundial la inactividad física causa alrededor de 21% a 25% de la carga de cáncer de mama y colon, el 27% de la carga de la diabetes y, aproximadamente, el 30% de la carga de enfermedad isquémica del corazón. La raíz del problema puede residir en el cambio que hemos experimentado pasando de sociedades rurales donde el esfuerzo físico demandaba una cantidad energética inexistente en las sociedades actuales, concentradas principalmente en las zonas urbanas en donde las actividades que demanden energía física son limitadas. Sumado a la tecnología, que ha llegado para asentar aún más este sedentarismo. Quienes se forman y capacitan para transmitir conceptos de ejercicio físico y deporte, quienes tienen como medio de vida la actividad física deberían ser actores de cuidado en este nuevo sistema de salud.

Los procesos creativos, donde es posible el juego, constituyen espacios apropiados para atreverse a cambiar, desmontar, sumirse en el caos, para luego reconstruir, revertir y crear una nueva realidad, transformado de este modo nuestro mundo personal y social. Si el arte ha demostrado ser terapéutico en muchas instancias, quienes realizan tareas artísticas en sus múltiples formas como medio de vida, deben ser motor de cambio del sistema de salud.

La pérdida del esquema alimentario tradicional ha provocado una transición nutricional derivada de ciertos cambios dados desde lo económico, social, demográfico. La disponibilidad alimentaria prioriza el acceso a alimentos poco saludables, con alto contenido de sal, azúcar y grasas con bajo poder nutricional. Si los alimentos que consumimos se relacionan directamente con el desarrollo de algunas enfermedades que hoy constituyen la epidemia de enfermedades crónicas no transmisibles, quienes tienen a su cargo la alimentación de la población a través de diversas actividades deberían ser parte activa del sistema de salud.

El empoderamiento del paciente se ha identificado como una potente estrategia para promover la salud y la prevención de enfermedades, así como para responder a los principales problemas de salud en el mundo, como son las enfermedades no transmisibles, la salud mental, la seguridad del paciente y el incremento de la cronicidad. La educación sanitaria y el concepto de autocuidado son entendidos como el proceso por el cual las personas logran un mayor control sobre las decisiones y acciones que afectan a su salud, y pasan de ser un receptor pasivo de atención sanitaria a un agente activo en su propio cuidado. Si queremos una sociedad sana que busque no enfermar, actores de la sociedad civil que deseen involucrarse en difundir estos conceptos y prácticas no pueden quedar fuera del sistema de salud.

Seguramente el camino alternativo en una realidad atestada de enfermedad sea una meta difícil, pero no imposible. Quienes sepan verla y apostar a ella a pesar de las dificultades, estarán haciendo historia en la salud de la población.

1 Ledermann, W. (2011). Aldo Castellani y las expediciones de la Royal Society  al país del sueño negro. Revista chilena de infectología, 28(3), 276-281.

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(*)Soledad Rodríguez es especialista en clínica médica. Magister en Gestión de Servicios y Sistemas de Salud. Actual subsecretaria de Procesos Sanitarios de la municipalidad de Rosario. Ex directora de IAPOS y del Hospital Provincial del Centenario de Rosario.