De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sepsis o septicemia es una disfunción orgánica, potencialmente mortal, causada por una respuesta desregulada del huésped a una infección. Una publicación científica reciente, citada por el organismo internacional, estimó que en 2017 hubo cerca de 49 millones de casos de sepsis y 11 millones de muertes relacionadas con esta enfermedad en todo el mundo, lo que representa casi el 20 por ciento de las defunciones globales que se produjeron ese año. Sin embargo, no afecta a todos por igual: aproximadamente el 85 por ciento de los casos y de las muertes relacionadas con esta patología en todo el mundo se produjeron en países de ingresos bajos y en los sectores más vulnerables, en los cuales representa una de las principales causas de morbilidad y mortalidad materna y neonatal.

En ocasiones, la septicemia puede ser consecuencia de la respuesta del sistema inmune a infecciones hospitalarias, que frecuentemente son resistentes a los antibióticos, por lo que se vuelve necesario encontrar terapias alternativas. Pero, dado que esta patología está vinculada, en realidad, a una respuesta inflamatoria exacerbada y desregulada por parte del sistema inmunológico, una vez que el proceso se instauró, es difícil que pueda controlarse conteniendo solamente la infección originaria.

Recientemente, una investigación conjunta entre un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Connecticut (UConn Health), dirigido por Vijay Rathinam, y científicos del CONICET del Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME, CONICET), a cargo de Gabriel Rabinovich, reveló el rol central de la proteína Galectina -1 (GAL1) en el desarrollo de la sepsis.

Como parte del mismo trabajo, los científicos pudieron comprobar que un anticuerpo monoclonal desarrollado en IBYME para neutralizar la Gal1, y publicado recientemente en la revista Angiogenesis, permite atenuar la severidad de los efectos de la sepsis en ratones, reduciendo la letalidad. Este último resultado es muy importante porque alienta la posibilidad de poder obtener, en base a este anticuerpo monoclonal, un tratamiento farmacológico para la septicemia en humanos.

El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Nature Immunology, amén de su contribución al área de la biomedicina, permite responder además, al menos en parte, una pregunta que hasta ahora para el campo de Biología Celular y Molecular resultaba un misterio: ¿cómo es posible que Gal1 se secrete al espacio extracelular cuando tiene todas las características bioquímicas de una proteína que permanece dentro de la célula?

El trabajo publicado en Nature Immunology es también relevante porque permite responder una pregunta que, hasta ahora, para la Biología Celular y Molecular era un misterio, vinculada a la secreción o liberación de Gal1. ¿Por qué aparece esta proteína fuera de la célula si desde un punto de vista bioquímico no tiene las características de una proteína que se secreta, al menos no por la vía clásica?

“Este trabajo que realizamos junto al equipo de Rathinam permite también resolver, al menos en parte, este misterio. La Gal1 se libera al espacio extracelular en forma de alarmina, al producirse una muerte celular inflamatoria por piroptosis o necroptosis involucrando la activación del inflamasoma no canónico y la generación de poros en la membrana por la Gasdermina D”, concluye Rabinovich.

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