El máximo galardón de la ciencia fue otorgado en 1970 en reconocimiento a los trabajos de Leloir que describieron por primera vez los nucleótidos azúcares y su papel en la formación de hidratos de carbono. “Sus trabajos no solo permitieron describir cómo se almacenan los azúcares en animales y plantas bajo la forma de glucógeno y almidón respectivamente, sino también el modo en que se utilizan como fuente de energía”, señala Armando Parodi, investigador emérito de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y del CONICET quien realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Leloir.

Leloir fue el segundo Nobel de ciencias recibido por un argentino por investigaciones realizadas en el país. El siguiente Nobel de ciencia para un argentino fue entregado a César Milstein, ganador en 1984, quien hizo casi toda su carrera en el Reino Unido.

En su discurso del 10 de diciembre de 1970, en Estocolmo, Leloir afirmó: “El honor que he recibido excede -de lejos- mi expectativa más optimista. El prestigio del Premio Nobel es tal que uno de repente es promovido a un nuevo estatus”. Y continuó: “En este nuevo estatus me siento incómodo al considerar que mi nombre se unirá a la lista de gigantes de la química como van Hoff, Fischer, Arrhenius, Ramsay y von Baeyer, por nombrar solo algunos”.

“También me siento incómodo cuando pienso en químicos contemporáneos que han hecho grandes contribuciones y también cuando pienso en mis colaboradores que llevaron a cabo una gran parte del trabajo”, afirmó Leloir en su histórico discurso.

“Los descubrimientos de Leloir y colaboradores sobre la vía de metabolismo de la glucosa fueron fundamentales, y hoy despiertan enorme interés dado que se encontró que muchas células cancerosas utilizan esa vía para su multiplicación”, afirma el médico José Mordoh, investigador superior del CONICET que integró el laboratorio de Leloir entre 1964 y 1969.

“La verdadera medida del impacto científico no depende de cuántas veces se citan artículos de investigación o las revistas en las que se informan los trabajos, porque el legado de un gran trabajo a veces no se puede evaluar hasta muchos años después del descubrimiento inicial”, señala Randy Schekman, galardonado en 2013 con el Nobel de Medicina e investigador del Instituto Médico Howard Hughes y de la Universidad de California, en Berkeley, Estados Unidos.

Schekman agrega: “Si el profesor Leloir estuviera vivo hoy, estoy seguro de que se maravillaría por el alcance y la profundidad del impacto de su descubrimiento de los nucleótidos azúcares como precursores de la síntesis de carbohidratos en la biología y la medicina”.

Sin duda que el futuro traerá mucho más, indicó Schekman, y recordó las frases finales premonitorias de Leloir en su conferencia Nobel: “Sin duda, esto puede convertirse en un problema fascinante para futuras investigaciones. Afortunadamente, incluso después de dos décadas, nuestro campo de investigación no se ha vuelto aburrido ni ha pasado de moda”.

Luis Federico Leloir había nació en septiembre de 1906 en Francia, y desde los 2 años vivió en la Argentina. A los 26 se recibió de médico en la UBA y trabajó en el Hospital de Clínicas durante dos años. Luego, con la intención de conocer y profundizar sobre los procesos biológicos, se dedicó a la investigación, en el Instituto de Fisiología de aquella misma casa de estudios. En ese momento, el Instituto estaba dirigido por el doctor Bernardo Alberto Houssay: el segundo en Argentina en recibir un Premio Nobel (1947), luego de Carlos Saavedra Lamas (1936).

Al respecto Alejandro Schinder, presidente de la Fundación Instituto Leloir e investigador del CONICET afirma que “El 50 aniversario llega en un momento crítico para la ciencia mundial, en que toda dedicación posible es insuficiente para combatir esta pandemia tan alarmante. Creo que Leloir estaría muy orgulloso viendo cómo el Instituto que fundó responde en esta situación, explotando el conocimiento científico para desarrollar herramientas innovadoras que permiten diagnosticar y combatir COVID-19 en nuestro país y en el mundo”.

En tanto Andrea Gamarnik, directora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires y líder del desarrollo de COVIDAR IgG e IgM, los test serológicos argentinos para COVID-19 destaca que “Los pasos de Leloir recorrieron un camino de ciencia básica de altísimo nivel. Hoy frente a la pandemia estamos convencidos que no hay ciencia aplicada a resolver los problemas de nuestra sociedad sin ciencia básica innovadora y recursos humanos que la acompañe”.

Fuente Agencia CyTA-Leloir