Mariana Puntel es doctora en Ciencias Químicas e investigadora adjunta del Conicet. Su especialidad es la virología, y su campo de aplicación son las enfermedades endémicas e infeccionas respiratorias. Entrevistada por Argentina Investiga, buscó llevar tranquilidad a la comunidad sobre las vacunas posibles para el COVID-19.

Respecto a la incertidumbre de algunos sectores de la población, la científica fue tajante: “Hay que llevar a la comunidad la tranquilidad de que las vacunas que lleguen a los individuos van a ser las que hayan pasado positivamente la fase 3 –es decir, el ensayo en varios miles de personas sin consecuencias adversas- y cumplan los requisitos de seguridad y eficacia, que su aplicación tiene un fundamento científico”, declaró. “Si bien el barbijo o la distancia social pueden haber llegado para quedarse como una herramienta para el control de microorganismos que se dispersan por vía aérea, tenemos que tener en claro que la vacunación es la herramienta para el control del coronavirus y otros virus que se transmiten por vías respiratorias”. Hasta el momento, esta enfermedad ha contagiado a 1 millón 340 mil personas en la Argentina, de las cuales casi 36 mil fallecieron.

Para esta investigadora de la Universidad Nacional del Sur y el Conicet, que trabaja en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB), “las vacunas son muy seguras, muy probadas y no se empezó a trabajar en ello con la pandemia, sino que es una tecnología disponible hace mucho tiempo». A la vez, explicó que “debido a la demanda mundial de una vacuna para el COVID-19, los tiempos se han acortado porque la documentación, la burocracia y el sistema se han puesto a disposición del desarrollo de la vacuna y no a otra cosa. Y por otro lado, mejoró el reclutamiento de los pacientes, que es uno de los cuellos de botella de estos ensayos”. Sin embargo, enfatizó que “los puntos de evaluación se mantienen. “No se saltean pasos, y además todos los elementos terapéuticos que lleguen a la clínica pasarán todos los controles de las autoridades regulatorias: la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en la Argentina, la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos, y otros, y son evaluados con exigencias máximas”.

Acerca de la rapidez con la que se están desarrollando y aprobando las distintas etapas de las vacunas en carrera para controlar esta enfermedad, Puntel remarca que es fundamental tener en cuenta el contexto en el que se están desarrollando la vacunas y tomando estas decisiones. A poco más de cumplirse un año del “paciente 1”, detectado en la ciudad China de Wuhan el 17 de noviembre de 2019, hubo más de 55 millones de contagios con el coronavirus SARS-CoV-2 y ya han fallecido 1 millón 340 mil personas por la enfermedad que genera, el COVID-19.

“Estamos en una emergencia sanitaria global, por eso la comunidad científica y tecnológica mundial ha decidido acelerar los procesos. Eso no significa para nada saltear pasos o etapas. Las fases se cumplen sí o sí a rajatabla para cualquier inmunógeno o vacuna por todos los organismos de control. Lo que ha ocurrido es que se han aceitado todos los engranajes para que ello suceda lo más rápidamente posible. Los laboratorios han concentrado su energía y recursos en esta enfermedad y eso permite acortar los tiempos. Por ejemplo, los de reclutamiento de individuos, que es uno de los cuellos de botella en los ensayos clínicos”, señaló la investigadora.

La duración de la inmunidad, una incógnita

Si bien fue muy enfática respecto a la seguridad de las vacunas y la necesidad de vacunarse, consultada acerca de la duración de la inmunidad, Puntel expresó que todavía es un interrogante. “Recién está empezando a describirse cómo es la respuesta inmune al virus. Con otras vacunas fuera de una emergencia sanitara los inmunólogos ya conocemos cómo funciona la infección, cómo es la partícula viral, qué puntos ataca, etcétera pero en este caso todavía no conocemos todos los aspectos y no sabemos cuánto dura la respuesta inmune hacia la infección; y menos respecto a la respuesta inmune contra la vacuna”.

“Después de trabajar mucho tiempo en vacunas antivirales los inmunólogos sabemos cuánto dura la inmunidad, en el caso del coronavirus hay mucho del comportamiento epidemiológico que todavía no conocemos, son aspectos que se van a ir aclarando a lo largo del tiempo y por uno o dos años quizás estaremos describiendo, hasta que en cinco años tengamos el conocimiento más desarrollado. Eso no quita que las vacunas sean la herramienta eficaz. Lo que estamos buscando es controlar la demanda del sistema sanitario, y poder superar las restricciones para salir de nuestras casas, retomar la asistencia a las escuelas a la cultura, y retomar cierta normalidad” explicó.

Las vacunas que se aplicarían en la Argentina

Para esta viróloga es prácticamente imposible que la vacunación comience antes de fin de año, ya que no sólo aún no hay vacunas aprobadas sino que tampoco se han publicado los resultados de fase 3 en revistas con revisión por pares. Luego hay que diseñar las campañas de vacunación: “Es una estrategia bastante amplia en un país muy extenso en territorio y variado en economías y culturas, donde hay que prever la distribución, el almacenamiento –ya que algunas demandan temperaturas muy bajas, incluso -80°C- y la aplicación”.

Por el momento, el gobierno confirmó la adquisición de la vacuna rusa Sputnik-V, que se prevé aplicar a unas 10 millones de personas entre diciembre de este año y los primeros meses de 2021. A ella se sumarán las de Astrazeneca-Oxford fabricadas en conjunto entre la Argentina y México, y podrían llegar otras 750 mil vacunas de la empresa Pfizer. También se confirmó que se firmaron acuerdos para recibir vacunas producidas por China a partir de marzo.

El 16 de noviembre la empresa Moderna publicó datos preliminares sobre su nueva vacuna contra el COVID-19 asegurando que es efectiva en casi un 95%. El anuncio llega días después de que Pfizer y los desarrolladores de la vacuna rusa Sputnik V publicaron resultados similares. Tanto Moderna como Pfizer desarrollan vacunas ARN, un enfoque altamente innovador y experimental que implica inyectar parte del código genético del virus en el cuerpo. Ambas empresas indicaron que planean solicitar la aprobación para utilizar sus vacunas en las próximas semanas.

Por su parte, Sputnik V fue la primera vacuna registrada en el mundo a base de una plataforma probada basada en vectores adenovirales humanos. En la actualidad, se encuentra en la lista de la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre las 10 principales vacunas candidatas que se acercan al final de los ensayos clínicos y al inicio de la producción en masa. En este ensayo clínico posterior al registro de Sputnik V en Rusia participan más de 40.000 voluntarios. La rapidez de los resultados alcanzados por el Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología de Moscú generó suspicacias en la comunidad médica, hasta la publicación en la prestigiosa revista “The Lancet” a comienzos de septiembre, en la que según los creadores, permite la producción de anticuerpos y no provoca efectos secundarios.

“Hay un movimiento grande antivacunas a nivel mundial, un poco como si fuera una moda, pero lo importante es no caer en la desinformación y los intereses que hay detrás, y tampoco en los detalles mínimos que son abrumadores para la gente no especializada. Por eso es importante que quienes somos especialistas en ciertos temas podamos aclararle a la comunidad y llevarle tranquilidad”, contextualiza la científica. “Las autoridades están tomando todos los recaudos necesarios y hay muchos grupos científicos trabajando en temas relacionados con coronavirus. Los organismos regulatorios son muy serios. Tenemos que estar tranquilos que la vacuna que llegue a la población va a ser segura y hay que vacunarse porque es la forma de control más efectiva de un virus de alta dispersión como el coronavirus, siempre que esté disponible hay que vacunarse es nuestra responsabilidad” concluyó.

FUENTE: Argentina Investiga l  Por Marcelo Tedesco