Algunas especies de bacterias del genéro Acinetobacter están en la lista que la Organización Mundial de la Salud elaboró sobre los patógenos más peligrosos para la salud humana y “prioritarios” por ser resistentes a los antibióticos.

Ahora, científicos del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) realizaron un avance que podría traducirse en el futuro en estrategias para eliminar selectivamente a bacterias de ese y otros géneros.

Los científicos del IBR lograron identificar la diversidad de genes responsables de la producción de toxinas exportadas a través de un sistema de secreción (conocido como T6SS) que se encuentra en bacterias del género Acinetobacter y que podría estar relacionado a su virulencia.

Las bacterias de Acinetobacter y otros géneros tienen un sistema de secreción (T6SS) que funciona como una “jeringa” secretando proteínas al medio extracelular o de forma específica a células blanco.

Una especie de este grupo es Acinetobacter baumannii que produce infecciones hospitalarias como neumonías, infecciones del tracto urinario, meningitis e incluso endocarditis, y que puede ser difícil de erradicar dado que puede desarrollar multirresistencia a los antibióticos, aún a aquellos de último recurso.

“El conocimiento derivado de este proyecto no sólo tiene una importante contribución desde un punto de vista básico en lo que respecta a las toxinas asociadas a estos complejos sistemas de secreción bacterianos, sino que también permitirá a largo plazo diseñar estrategias para inhibir su acción como factor de virulencia”, afirmó el primer autor del estudio, Guillermo Repizo, del IBR, que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de Rosario.

Suzana Salcedo, de la Universidad de Lyon, en Francia, Repizo, Martín Espariz y Joana Seravalle, también del IBR, compararon las regiones de ADN que codifican para los 18 genes que forman la “jeringa” o sistema de secreción de toxinas y otras proteínas presentes en 191 cepas de Acinetobacter. A partir de esos análisis, los científicos lograron identificar dos organizaciones genéticas diferentes que codifican ese sistema de secreción.

“También nos centramos en analizar y clasificar las toxinas asociadas a estos sistemas, de manera tal de predecir sus posibles blancos de acción”, destacó Repizo.

Tradicionalmente, el descubrimiento de nuevas clases de antimicrobianos se ha planteado a través de ensayos que detecten la inhibición del crecimiento o la muerte del patógeno. Estas estrategias han perdido eficiencia puesto que se direccionan a las rutas metabólicas fundamentales en los que la presión de selección también ha generado la mayor frecuencia de desarrollo de mecanismos de resistencia, explicó el científico rosarino.

Y continuó: “En este contexto, es crucial la implementación de estrategias que conduzcan a la identificación de blancos alternativos, y con estos, el desarrollo de drogas de antivirulencia que bloqueen mecanismos específicos de patogenia, permitiendo la intervención simultánea del sistema inmunológico en la eliminación de la bacteria”.

En una etapa posterior, los autores del estudio, publicado en “Frontiers in Microbiology”, proponen testear bibliotecas de compuestos con el fin de encontrar moléculas que afecten el funcionamiento del T6SS. “Seleccionaremos moléculas capaces de inhibir el proceso infeccioso teniendo ese sistema de secreción de toxinas como blanco”, concluyó Repizo.

FUENTE: Agencia Cyta