Por la doctora Ángela Gentile / Jefa de Epidemiología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y ex presidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). (M.N 49908)

El Virus Sincicial Respiratorio (VSR) es uno de los principales causantes de la bronquiolitis, una enfermedad respiratoria que afecta las vías aéreas inferiores o ‘bronquiolos’. Se transmite de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales. El virus permanece en las superficies entre 6 a 8 horas, por lo que el contagio se produce fundamentalmente a través de las manos.

Las recomendaciones generales para reducir la exposición al virus son: Impulsar y mantener la lactancia materna, lavarse las manos, evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarrillo u otros), evitar el hacinamiento, concurrir a los controles rutinarios con el médico, cumplir el calendario nacional de vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

Además de las consideraciones generales preventivas, es necesario prestar atención a los principales síntomas y tener en cuenta que cuánto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser los síntomas. Estos son: mucosidad nasal, tos, catarro, respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos, respiración ruidosa con silbidos (sibilancias), hundimiento de las costillas al respirar, dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño, piel azulada o muy pálida y fiebre con temperatura mayor a 38°C.

Si bien dos tercios de los menores de 2 años podrían verse afectados por este virus, debemos destacar que dicha afección no ataca a todos por igual. Nos preocupan los niños más vulnerables, es decir, los bebés prematuros de bajo peso o con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo, así como niños con cardiopatías congénitas. Esta población tiene un riesgo entre 4 y 5 veces mayor de hospitalización por infección por VSR respecto de los niños sanos, como también, más riesgo de evolución grave y complicaciones. En nuestro país, contamos con la inmunización pasiva, un anticuerpo monoclonal que actúa como “escudo” para la protección de la población vulnerable, provista por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social. También se recomienda en niños con cardiopatías congénitas con inestabilidad hemodinámica significativa. En efecto, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomienda cumplir con el esquema completo e iniciar la profilaxis durante el período de mayor circulación viral, con una aplicación mensual del anticuerpo monoclonal de hasta un máximo de 5 dosis.