“El G20 tiene más poder para lograr un impacto sobre el desarrollo internacional que cualquier otro organismo global. En conjunto, el G20 representa el 85% del producto bruto mundial, el 80% del comercio mundial y aproximadamente la mitad de la superficie terrestre. Debido a su poder económico y su influencia, las políticas de salud desarrolladas por el G20 para abordar las amenazas sanitarias mundiales existentes y emergentes le pueden marcar el rumbo al resto del mundo”, explica el Dr. Jorge Saavedra, MD MPH MSc, Director Ejecutivo del Instituto AHF de Salud Pública Global en la Universidad de Miami.

Por su parte, Loretta Wong, Directora Senior de Abogacía de AHF Global agrega que “la cumbre del G20 bajo la presidencia de la Argentina es una oportunidad para que los líderes mundiales reafirmen su compromiso de detener de manera efectiva la epidemia del VIH/Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y abordar los desafíos mundiales relacionados con la salud pública”.

Anualmente, 1 millón de mujeres, niños y hombres mueren por causas relacionadas con el SIDA, una enfermedad crónica que actualmente es tratable y prevenible. Según las últimas estimaciones disponibles, 36,9 millones de personas viven con VIH en todo el mundo y aproximadamente 1,8 millones contraen el virus anualmente. Muchos desconocen su estado y, por lo tanto, no pueden dar los pasos necesarios para evitar una transmisión posterior. A pesar de los avances en los métodos de tratamiento y prevención, la tasa de nuevas infecciones ha disminuido en sólo un 16% en adultos desde 2010, un ritmo demasiado lento para poner el VIH/Sida bajo control.

De acuerdo con ONUSIDA, el monto aproximado de USD 19.000 millones que actualmente se invierte en prevención, diagnóstico y tratamiento en respuesta al VIH, es sólo la mitad de lo que se necesitará en el 2030.

La Asistencia Global para el Desarrollo destinado a la Salud asignada al VIH / SIDA ha disminuido en USD 3.000 millones desde 2012 – esto es inaceptable.

El Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, creado en 2002 para ayudar financieramente a países en desarrollo a combatir estas tres enfermedades, actualmente se encuentra subfinanciado y lamentablemente los 3 países de Latinoamérica que son miembros del G20, Argentina, Brasil y México, que en el pasado recibieron millones de dólares de ayuda por parte de este organismo, no han aportado un solo centavo para sus sostenimiento, el resto de los miembros del G20 si lo han hecho y muchos lo continúan haciendo.

“Desde AHF no aceptamos la noción de que no hay fondos disponibles para destinar a la respuesta al VIH/SIDA: cada año se gastan USD 1,7 billones en Defensa a nivel mundial. Sin duda podemos permitirnos gastar más en Salud Global.

Como lo demuestran las cifras epidemiológicas y financieras, el mundo parece estar atascado respecto a la respuesta al VIH/Sida. A menos que se tomen medidas para vigorizar y financiar completamente las prioridades más urgentes de la salud pública mundial, la brecha económica y tecnológica global seguirá creciendo, ampliando el riesgo de inestabilidad mundial, la conflictividad social y el decrecimiento del desarrollo económico”, denuncian desde la organización. Y señalan los siguientes los siguientes aspectos como desafíos apremiantes de la salud pública global:

  1. Financiamiento: los países del G20 deben aumentar sus contribuciones al Fondo Mundial de Lucha contra el VIH/Sida, la Tuberculosis y la Malaria y, en términos más generales, exigir fuertes compromisos bilaterales y multilaterales con la ayuda exterior para la salud pública.
  1. Accesibilidad a medicamentos: los países del G20 deben eliminar los obstáculos a la importación y la producción nacional de medicamentos genéricos accesibles que son esenciales para la salud pública, especialmente en los países de ingresos bajos y medios.
  1. Testeo y tratamiento al VIH: en ausencia de una cura o una vacuna efectiva para el VIH, la forma más efectiva de controlar la epidemia del VIH/Sida es brindar servicios de testeo y tratamiento del VIH a la mayor cantidad posible de personas por lo que los gobiernos deben generar políticas para mejorar el alcance de las pruebas de VIH.
  1. Resistencia antimicrobiana: la resistencia a los antimicrobianos representa una tremenda amenaza para la salud pública internacional. Con la aparición de muchos agentes patógenos resistentes a los medicamentos, como la gonorrea, la tuberculosis y otros, el riesgo de pandemias imparables crece constantemente. El mundo debe abordar este problema aumentando significativamente la inversión en investigación y prepararse para brotes.
  1. Enfermedades tropicales desatendidas: como se demostró en el brote de Ébola del 2014, ignoramos las enfermedades tropicales desatendidas a nuestra cuenta y riesgo. El costo de no estar preparados para un brote inevitable en un mundo interconectado podría significar la pérdida de millones de vidas, graves interrupciones en los viajes y el comercio a nivel mundial y perdurables costos para la reconstrucción de las comunidades afectadas.

“Los países del G20 representan miles de millones de dólares en actividad económica cada año. En contraste, abordar estos desafíos urgentes de salud pública requeriría sólo una inversión adicional mínima que produciría beneficios sustanciales para la economía mundial en términos de capital, reducción de perturbaciones económicas y un mundo más saludable para todas las personas y por otro lado los gobiernos del G20 deben también tomar en cuenta que hay países en profunda crisis sanitaria que requieren de una respuesta humanitaria global urgente, entre estos se deben resaltar a Siria, Yemen, Libia, República Democrática del Congo y Venezuela”, destacó el Dr. Saavedra.

En tanto, en relación a la situación de Argentina, el Dr. Miguel Pedrola, Director Científico de AHF para Latinoamérica y el Caribe, considera que “el gobierno ha delineado los principales puntos de prioridad para su presidencia del G20, con el foco en abordar la brecha social y económica que continúa ampliándose por la innovación tecnológica y la automatización. Sin duda, este problema merece atención, pero es importante señalar que la brecha digital se ve agravada por cuestiones más fundamentales y aún no resueltas”. Y agrega: “desde su lugar de presidente del G20, Argentina cuenta hoy no sólo con la posibilidad sino con la responsabilidad de ser la voz de quienes se encuentran más invisibilizados, quienes verdaderamente sufren las inequidades del sistema de salud y quienes terminan siendo, por lo general, estigmatizados y discriminados”.

Como país firmante, Argentina se comprometió a cumplir las metas propuestas por la OMS-OPS para el 2020 definidas como “90/90/90” -es decir, lograr que el 90% de las personas con VIH conozcan su diagnóstico, que el 90% de ellas acceda al tratamiento y que el 90% en tratamiento tenga carga viral suprimida.

Según cifras oficiales del Boletín sobre el VIH, sida e ITS publicado en diciembre de 2017, Argentina se encuentra actualmente lejos de alcanzar las metas 90/90/90 para el año 2020, no habiendo logrado reducir la brecha que nos separa de las cifras esperadas para un plazo menor de dos años.