Por el Dr Sebastián Laspiur, consultor en Enfermedades no transmisibles de OPS/OMS en Argentina 

En el 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció la alta carga mundial de las ENT y sus factores de riesgo conexos, e instó a todos los sectores de la sociedad y del gobierno a que trabajaran intersectorialmente.

Muchos han denominado a la epidemia de ENT en general, y en particular a la de obesidad, como “la epidemia comercial”, dado que claramente todas las estrategias de comercialización influyen inexorablemente en los comportamientos de las personas, en sus perfiles de consumo y, por lo tanto, en su riesgo de presentar determinadas enfermedades y padecer las consecuencias.

Aunque la educación y los llamados a la responsabilidad personal son importantes para reducir las ENT y la obesidad, no son suficientes. Para ayudar a tener hábitos más saludables es necesario facilitarlos mediante acciones que generen mejoras en los entornos físicos y sociales.

La regulación es una función esencial de salud pública que puede y debe usarse para reducir la carga de estas enfermedades. No obstante, para ser eficaz debe haber una base científica sólida y se debe aplicar rigurosamente.

Un ejemplo global

Un ejemplo claro es la experiencia internacional en relación al tabaco. El consumo de tabaco y de la población afectada comenzó a disminuir luego de que el mundo comenzara a producir evidencias y a regular en torno a la publicidad, promoción y patrocinio, al precio de los cigarrillos, a la prohibición de fumar en ambientes cerrados y al cambio del empaquetado. Estas medidas fueron plasmadas en el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco (CMCT), uno de los tratados internacionales más exitosos, destinado a combatir un problema de salud pública muy relevante a nivel global. Argentina es uno de los pocos países que aún no ha ratificado el CMCT.

Una buena regulación aumenta el bienestar económico, sienta la base para reducir los riesgos y prevenir las enfermedades, promueve los comportamientos sociales deseados, fomenta el compromiso político y proporciona el contexto administrativo y social para llevar adelante la medida.

Entre las iniciativas que resultaron eficaces para abordar la alimentación poco saludable están la promoción de la lactancia materna, los incentivos agrícolas y económicos para aumentar el consumo de productos más saludables, los elementos disuasivos para desalentar el consumo de alimentos no saludables, la reformulación de las preparaciones para reducir el consumo de sal, la regulación de la comida que se sirve en las escuelas, la restricción de la comercialización de alimentos poco saludables dirigidos a los niños, la inclusión de etiquetas en la parte frontal de los paquetes con mensajes sencillos, y la eliminación de las grasas trans en los productos.

En tanto, en la lista de políticas posibles para reducir el consumo nocivo de alcohol aparece la limitación de su disponibilidad y los horarios de venta, prohibiciones o disposiciones legales que restrinjan la comercialización, y la aplicación de una política de precios o de impuestos al consumo para reducir la asequibilidad y la demanda.

Políticas fiscales

Tabaco

Los impuestos a los productos de tabaco representan una medida efectiva. La reciente reforma tributaria de Argentina incluyó una disminución de la alícuota de impuestos internos al tabaco del 75% al 70%, lo cual significa una desventaja, pero complementariamente se estableció un valor mínimo fijo del paquete de $ 28, actualizable trimestralmente en base a las variaciones de la inflación. Esta última iniciativa puede tender a reducir las brechas de precios, al aumentar el precio de las marcas más baratas y contribuir así a las políticas públicas antitabáquicas.

Alcohol

Para bajar el consumo de alcohol, la evidencia internacional identifica como una de las políticas más costo-efectivas –junto con la prohibición de publicidad y la restricción del acceso a la venta minorista- el incremento de precios a las bebidas con alcohol vía impuestos. A través de distintos modelos se puede ver una relación estadísticamente significativa y robusta entre el precio real del alcohol y la edad de inicio, lo cual es especialmente importante para reducir el consumo de los jóvenes y disminuir las probabilidades de consumo riesgoso y dañino.

En Argentina existe amplio margen para aumentar impuestos al alcohol, dado los escasos impuestos internos que tributan en relación a otros países y el precio relativo de estas bebidas comparadas con otros productos.

Bebidas azucaradas

El mayor consumo de bebidas azucaradas está asociado a un incremento del peso corporal. Además, un reciente estudio denominado BASTA, publicado por el CEDES, revela que -en el escenario más conservador- la reducción de un 10% del consumo de bebidas azucaradas en la población argentina evitaría cada año unas 2.639 muertes de causa cardiovascular, unos 13.385 casos de diabetes y cerca de 4.000 eventos cardiacos y cerebrovasculares.   

La incorporación de impuestos a las bebidas azucaradas es una de las recomendaciones del Plan de acción regional de prevención de la obesidad en la niñez y la adolescencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el cual también promueve otras acciones, como el etiquetado frontal de alimentos, la protección de entornos escolares y la regulación de la publicidad de productos no saludables dirigido a niños.

México logró reducir un 5.5% las ventas de bebidas azucaradas al cabo del primer año de establecer un impuesto del 10%, incrementándose al 9.7% en el segundo año. El impacto en Argentina de una medida de este tipo podría ser muy relevante, más si tomamos en cuenta que el país es uno de los principales consumidores de gaseosas del mundo y uno de los que tiene mayores niveles de obesidad infantil de la región.

De esta manera, las políticas fiscales junto a otras medidas, tales como regulación de publicidad, rotulado frontal de productos alimentarios, protección de entornos, entre otras, constituyen herramientas claves y necesarias para la prevención de las enfermedades no transmisibles. Lejos de ser un asunto individual, se trata de una problemática global que requiere de una solución colectiva con políticas que abran paso a la vida saludable.   

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