Es muy difícil de detectar si un alimento está contaminado ya que generalmente no se altera el sabor, el color o el aspecto de la comida. Por esto, las pautas de higiene a la hora de manipular los alimentos son la clave de la prevención.

Al comprarlo, el pollo fresco debe tener su piel húmeda, intacta y sin manchas marrones. Su color puede ser blanco o amarillo y el olor debe ser agradable y fresco. Las puntas de las alas no deben estar oscurecidas, ni presentarse pegajosas.

Se recomienda tomar el pollo al finalizar la compra y refrigerarlo inmediatamente para evitar romper la cadena de frío. Además, debe estar siempre embolsado y con etiqueta, con la respectiva fecha de vencimiento. Si se congela, el pollo entero dura 12 meses, y el trozado, 9 meses. Se descongela adentro de la heladera, nunca a temperatura ambiente.

Se aconseja no dejar el pollo cocido a temperatura ambiente durante más de 2 horas. Las preparaciones cocidas duran en la heladera hasta 48h y en el freezer, de 4 a 6 meses.

En cuanto a los síntomas típicos de las ETAS incluyen vómitos, dolor abdominal, diarrea y fiebre y en ocasiones más extremas pueden producir trastornos neurológicos, renales, de la piel, visión doble, dificultad respiratoria e incluso la muerte. Los niños y los adultos mayores son los grupos más propensos a desarrollar una ETA, por lo que las precauciones deben extremarse.