La luz solar brinda energía, calor, interviene en la producción de vitamina D y modifica los estados de ánimo, pero la sobreexposición a la luz solar tiene efectos nocivos sobre la piel, los ojos y el sistema inmunológico. Es un hecho que la incidencia del cáncer de piel en las últimas décadas está estrechamente relacionada con actividades al aire libre, y por ese motivo es tan importante tomar los recaudos necesarios para prevenirlo.

La mayoría de los casos de cáncer de piel son causados por la exposición a las radiaciones ultra violeta (UV), ya sea procedentes del sol o fuentes artificiales como las camas solares. El efecto de estos rayos en el cuerpo es acumulativo, progresivo e irreversible, por lo tanto, es probable que la exposición excesiva de los niños y adolescentes intervenga en la aparición de este tipo de patologías en etapas posteriores de la vida.

Es importante recordar que cuatro de cada cinco casos de cáncer de piel se pueden prevenir, evitando las exposiciones dañinas a los rayos UV. En cantidades pequeñas, las radiaciones UV son esenciales para la buena salud y desempeñan una función esencial en la producción de vitamina D por el organismo, que fortalece los huesos y el sistema osteomuscular.

Los efectos biológicos de las radiaciones UV son muy diversos y dependen de su longitud de onda, penetración en la piel, tiempo de exposición, hora del día, distintas estaciones del año, la altura y la polución ambiental.

Pudiendo aparecer poco después de la exposición solar o años más tarde: entre los primeros síntomas de la piel se destacan: el eritema y la quemadura solar, las fotodermatosis y la inmunosupresión; y entre los segundos la fotocarcinogénesis y el fotoenvejecimiento. Los daños oculares pueden ser: cataratas, pterigión (aparición de un bultito blanco en la córnea), quemaduras en la córnea y lesiones en la retina.

Los extremos de la vida, ancianos y niños están más expuestos a las inclemencias climáticas. Hay que tener sumo cuidado con el calor pues a ambos grupos etarios, ya que los puede afectar con deshidrataciones. En especial la gente mayor que está medicada con diuréticos y los niños que están expuestos al sol o padecen cuadros febriles y gastrointestinales.

Consejos para cuidarse del sol

– Limitar el tiempo que se pasa bajo el sol de mediodía, especialmente entre las 10 AM y las 4 PM.

– Usar ropa liviana pero que ofrezca protección, las camisas de mangas largas y pantalones largos holgados de una tela de tejido cerrado ofrecen la mejor protección. Una camiseta mojada protege mucho menos que una seca. Los colores oscuros pueden ofrecer más protección que los claros. Resguardarse con una camiseta o salida de baño.

– Usar un sombrero de ala ancha para proteger los ojos, el rostro y el cuello.

– Usar anteojos de sol cerrados a los lados que den una protección de 99% a 100% contra las radiaciones UV.

– Utilizar un filtro solar de amplio espectro con un factor de protección solar (FPS) de 30+ y renovar con frecuencia por lo menos cada dos horas. Verificar la fecha de vencimiento del filtro solar. El rótulo de “pantalla/bloqueador total” se refiere a un producto de alto poder de protección, pero nunca una barrera imposible de traspasar por las radiaciones. Por ello, siempre deben ser acompañados por las otras medidas de cuidado.

– Limitar el tiempo de exposición al sol. Usar protector solar no significa disponer de mayor tiempo de exposición.

– Si hay viento fuerte aplicar el protector solar con más frecuencia.

– Evitar las camas solares: el uso de estos aparatos antes de los 35 años se acompaña de un aumento de 75% del riesgo de melanoma maligno.

– Estimular a los niños para que tomen las precauciones sencillas descritas anteriormente evitará lesiones a corto y a largo plazo sin impedir que disfruten el tiempo que pasan al aire libre. Los adultos deben procurar que los niños estén debidamente protegidos.

Fuente: Dr. Ernesto Crescenti (MN: 50.776), médico, investigador y Director del “Instituto de Inmunooncología Dr. Ernesto J.V. Crescenti”