Roberto Pradier fue director del Instituo Nacional del Cáncer (INC) desde 2010, año en el que se creó, hasta 2014, momento en que dejó el cargo para asumir como presidente de la Academia Nacional de Medicina. En 2016, un decreto del Poder Ejecutivo Nacional, lo volvió a nombrar al frente de este organismo.

Hombre de vasta experiencia tanto en la docencia como en la práctica de la medicina oncológica y en la conducción de instituciones dedicadas a esta especialidad, Pradier tiene por misión afianzar al Instituto como referente a nivel local en materia de prevención y promoción, profundizando el conocimiento que se tiene del cáncer en Argentina. Sobre estos temas conversó con Comunicar Salud. 

– ¿Con qué objetivos se crea el Instituto Nacional del Cáncer en 2010?
Si bien Argentina no carecía de instituciones dedicadas al cáncer, tanto privadas como públicas, el Instituto es creado con la idea de unificar políticas y llevar adelante lo que las demás organizaciones no podían hacer, por estar orientadas al tratamiento: la prevención y el diagnóstico temprano de esta enfermedad.
Así, se crearon desde el comienzo los programas que la Organización Mundial de la Salud reconocía como útiles para mejorar los resultados oncológicos de la población en general. Estos son el cervico uterino, de mama y colon, los tres tumores que admiten la prevención y el tamizaje. El primero ya venía creado por el Ministerio de Salud nacional, pero pasó a la órbita del Instituto.
Realizar tamizajes fue una de las iniciativas y la otra importante fue centralizar los Cuidados Paliativos y poder ofrecer terapias para el dolor a los pacientes. Sobre el total de las personas que contraen un tumor, la tasa de curación está en el 50 por ciento. Es decir que la otra mitad, o al menos un 30 por ciento, en algún momento va a necesitar tratamientos paliativos, que incluyen el del dolor pero que a veces no es lo más importante.
Lo otro que teníamos que hacer como Instituto era conocer la realidad, que en nuestro país no sabíamos cuál era. Entre otras cosas, se incorporó al INC este programa de registro de la población infantil, que es muy exitoso y concentra prácticamente el 90/95 por ciento de los tumores infantiles que ocurren en nuestro país: unos 1500 por año.  Es un número bajo, muy bien registrado, donde se sabe a quién le pasa, cómo y en qué lugar geográfico.

Con respecto a conocer el mapa del cáncer en Argentina, ¿cuál es su importancia y cómo se aborda este trabajo? ¿Se han obtenido resultados?
Hay un rédito en estudiar a las poblaciones en las edades correspondientes, normalmente es entre los 50 y 75 años. Así que hay un rango de edades donde es importante dirigir la atención, ya que los cánceres son la primera causa de mortalidad en la población entre los 35 y 65 años.
En adultos conocemos bastante bien la mortalidad y dónde ocurre, con un margen de error relativamente bajo: del 2 por ciento en Ciudad Autónoma y  de 7 por ciento en algunas provincias, considerando los certificados de defunción. Los registro poblacionales, por la falta de integración del sistema de salud, son patrimonio provincial.
Con los datos mencionados, el Instituto creó un atlas de mortalidad, que actualmente estamos reeditando. Pero además, hay otro tipo más de registro de cáncer: el hospitalario.
Lo que hicimos como organización es tratar de ver qué pasa en los hospitales que tratan cáncer. Aproximadamente hay unos 44 en todo el país que registran sus casos y los comunican a través del RITA, un software que lleva recabado los datos de 60 mil pacientes, en tres o cuatro años de seguimiento.

¿Cuentan con conclusiones preliminares?
Sí, hemos sacado algunas. Es interesante que ya empezamos a tener datos de sobre vida y también sabemos cuánto tardan los pacientes en conseguir un tratamiento. Al respecto, hay tres periodos de demora. El primero es el tiempo que una persona con síntomas tarda en llegar a la primera consulta, que va de cuatro a cinco meses. El segundo, hasta que puede llegar al diagnóstico, es de entre 30 o 45 días; mientras que la tercera instancia es la demora en alcanzar el primer tratamiento, que es de entre cuatro a cinco meses. Esto es bastante alto y corregible.

En función de estos datos, ¿generan recomendaciones?
Los distintos programas de los que hablamos dan los lineamiento sobre cómo deben hacerse el diagnósticos y el resto del proceso. El Instituto tiene también estudios que permitieron hacer guías terapéuticas de las drogas de alto costo.  Estas guías debieran ser usadas por el médico tratante. Lo que no tiene el ministerio central es poder de policía.

¿Con qué actores se vinculan para articular los programas?
Se hacen acuerdos con las provincias, para trabajar en conjunto con las distintas jurisdicciones. Después se articula a nivel de los agentes sanitarios, en los casos en que hay, y con los hospitales cabecera para tener distintas llegadas a la población blanco que uno tiene interés en tamizar. Lo bueno, y también lo difícil, es que son personas que están sanas.

¿De qué depende que una provincia adhiera o no a todos o a algunos de los programas del INC?
Tiene que ver con sus posibilidades. Además, se sabe que para algunas provincias es más importante desarrollar determinados tamizajes y ocuparse en particular de ciertas patologías.
Por ejemplo, las regiones del Noreste y Noroeste tienen mucho cáncer cervico uterino. En la del Centro, conformada por Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, prevalece el cáncer de mama. En la Sur y también en la región Centro, aunque en menor medida, hay preponderancia del cáncer de colon.

¿Se puede determinar con qué factores de riesgo se corresponden estas patologías por Región?
En algunos casos, sí. Los hábitos alimenticios contribuyen a tener mayor o menor propensión a desarrollar tumores de colon o mama. También hay factores que no pueden precisarse. Este no es el caso del cáncer cervico uterino, en donde además prevalece la falta de conocimiento y de oportunidades, entre otras barreras que llevan a las mujeres a no consultar periódicamente y a tiempo.

¿Hay relación con los programas que implementan en función de la prevalencia por regiones?
No hay correlación, hasta cierto punto.
En el año 2012, la primera provincia blanco para estudios cervico uterino fue Jujuy y tuvo gran éxito. Se hizo una prueba piloto con más de 3 mil pacientes utilizando la autotoma para diagnóstico de VPH (Virus de Papiloma Humano), con la idea de luego extenderlo a todo el país.
Las provincias que están mas activas con respecto al programa cervico uterino son Jujuy, Misiones, Tucumán, que es mas nueva, y Catamarca. Ahora se está incorporando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y también municipios importantes del conurbano bonaerense: La Matanza, Florencio Varela e Ituzaingó.
La investigación de VPH tiene una mejor capacidad diagnóstica, próxima al 95%, que el difundido Papanicolau (de aproximadamente el 50%) y por lo tanto puede espaciarse y realizarse cada cinco años. La autotoma, solo posible con este procedimiento, ayuda a vencer barreras de distancia, acceso y pudor.

¿Qué es el programa de Navegación de Pacientes?
Apunta al paciente oncológico que llega a un hospital y encuentra trabas, se siente perdido, no puede obtener turnos, etc. Una navegadora es una persona que los ayuda a “navegar” a través de las dificultades burocráticas o geográficas dentro de centros de salud.
Facilita el acceso a los lugares de interés. Por ejemplo una paciente que vive lejos, se hizo una mamo y no vuelve al hospital por los resultados. Entonces la navegadora se encarga de contactarla.

¿En qué consiste el programa de Cuidados Paliativos?
El programa apunta a proveer a las farmacias de los hospitales públicos de comprimidos de morfina y metadona, para que se los puedan dar en forma gratuita a los pacientes.
Esto se debe a que desde el Instituto logramos que una institución del Estado –Laboratorio Industrial Farmacéutico de Santa Fe-, asentada en esa provincia, los elabore. La metadona, es un producto sintético usado para la desintoxicación de los pacientes adictos a la heroína, pero que a su vez tiene gran efecto analgésico  y menos efectos secundarios que la morfina. Produce menos estreñimiento y vómitos, pero más necesidad de cuidados en cuanto a la dosis. Por eso, hay que entrenarse para usarla.
De ambas se hicieron comprimidos y una primera partida se agotó rapidísimo. Ahora estamos en el trámite de conseguir que se haga otra tirada.

Hace un tiempo se aprobó la ley que rige al organismo, ¿cómo impacta esto en la organización?
Si bien la ley está aprobada, aún no fue reglamentada. De todos modos, significa mayor independencia y posibilidades de hacer cosas sin tener que depender de las trabas burocráticas. Por supuesto, seguimos dependiendo del Ministerio de Salud.
Lo importante también es que el INC en vez de ser un decreto, sea una ley, que le dará solidez y persistencia en el tiempo.

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.