Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 2% de la población mundial sufre hepatitis, caracterizadas por una inflamación en el hígado. Aunque Argentina carece de estadísticas oficiales, se calcula que unas 800 mil personas las padece a causa de agentes virales, de entre los cuales, los más frecuentes en el territorio nacional son el A, el B y el C.

La hepatitis A se cursa de manera aguda, es decir, con síntomas precisos como cansancio intenso, ictericia (ponerse amarillo) y coluria (orinar oscuro). Pero los virus B y C pueden mantenerse asintomáticos por 20 o 30 años y cuando aparecen las manifestaciones típicas suele ser demasiado tarde.

Para destacar la importancia de un diagnóstico temprano, y de que agentes como el A y el B son prevenibles por vacunas, la A.A.E. E. H, con el impulso de la World Hepatitis Alliance realizará el sábado 28 de julio un acto para conmemorar el Día Mundial de las Hepatitis Virales. El evento se realizará a las 12 en el Planetario y se televisará en simultáneo junto a 200 países, con el objetivo de establecer un récord Guinnes de la mayor cantidad de personas unidas en el planeta para concientizar sobre una enfermedad.  

Hacia datos precisos

“Contar con cifras oficiales sobre la incidencia de la enfermedad  es una asignatura pendiente que tenemos en el país y uno de los objetivos del Programa Nacional de Hepatitis Virales, una iniciativa del Ministerio de Salud que ya está avalada y se implementará en el futuro próximo”, detalló el doctor Federico Villamil, presidente de la Sociedad Internacional del Hígado y Jefe de Trasplante del Hospital Británico.

Sin embargo, obtener estas estadísticas es “una tarea muy ardua”, ya que “los médicos clínicos no suelen pedir las pruebas que podrían llevar a la sospecha de una hepatitis, como el llamado ´hepatograma´ hasta los análisis que la cofirman, es decir, la serología”, indicó el doctor Bernardo Frider, jefe de Hepatología del Hospital Argerich.Agregó que  “sólo existen datos sobre el porcentaje de donantes de sangre a los que se les detectan hepatitis virales, que alcanza un 0,5% para el virus B y el 0,8% para el C”, pero que esta cifra “no es representativa del país porque sólo va a dar plasma la gente que se autopercibe sana y que no suele tener comportamientos de riesgo”.

Llegar “a tiempo”

Los médicos de la A.A.E.E.H buscaron transmitir la importancia de la detección precoz, ya que la mayoría de las hepatitis se curan si se diagnostican a tiempo. Con el tratamiento adecuado, el vurus C se puede erradicar por completo del cuerpo; mientras que con el B, queda una carga mínima alojada en los ganglios linfáticos y la enfermedad sólo se reactiva cuando el paciente está inmunosuprimido. Pero sin un abordaje adecuado, las hepatitis se vuelven crónicas y pueden desembocar en cáncer hepático o cirrosis, que requieren trasplantes.

Los expertos coincidieron en que las personas más susceptibles a contraer hepatitis B y C, que no presentan síntomas, son aquellas que tiene las mismas conductas de riesgo para el VIH, entre ellas compartir agujas y las relaciones sexuales no protegidas (en este último caso particularmente en el virus B).  Para esta población, los especialistas recomiendan las pruebas de serología, o en su defecto, el hepatograma, la primera batería de análisis que pueden llevar a la sospecha de una hepatitis por valores enzimáticos alterados.

El llamado hepatograma no es un análisis en sí mismo sino una serie de pruebas que incluye las transaminasas (TGO, TGP o AST o ASL), sustancias que se encuentran dentro de las células hepáticas, con valores muy bajos en sangre.

Cuando se destruyen células hepáticas, como en el caso de cualquier hepatitis, las transaminadas pasan a la sangre, lo que produce un marcado aumento de su valor. Así se sospecha la presencia de la patología. El segundo paso es, mediante pruebas de serología, identificar el virus que la produce.

Poblaciones con alta prevalencia

Si bien se estima que el 2% de la población argentina tiene hepatitis C , que se contagia principalmente por sangre al compartir agujas, existen grupos que, por determinados hechos puntuales, tuvieron tasas mucho más altas. Es el caso de los futbolistas profesionales que ejercieron entre la década de 1960 hasta el año 1985, cuando se popularizó en el país el uso de jeringas descartables.

El motivo de los contagios en este grupo fue que cuando se infiltraba a los jugadores, se lo hacía con jeringas reutilizables que se hervían. Este procedimiento no lograba esterilizar por completo a los insumos y en algunos casos, el virus permanecía vivo.

“En 2008 convocamos a los futbolistas que ejercieron durante esos 25 años a realizarse estudios para la hepatitis C, luego de que detectamos el virus en dos jugadores. Pusimos anuncios en diarios y publicaciones deportiva. Así reunimos a 50 atletas para integrar nuestro protocolo”, indicó a DocSalud.com el doctor Carlos Guma, presidente de la A.A.E.E.

Guma, quien también fue presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología reveló que, para su sorpresa, “entre el 30 y el 40% de la población estudiada estaba infectada por el virus, un porcentaje mucho más alto que el de la población general”.

El experto destacó que, por fortuna, el virus pudo detectarse a tiempo en los jugadores y muchos se curaron. Incluso algunos estarán presentes en el evento que se realizará el 28 de julio en el Planetario.

En esa misma línea, el doctor Federico Villamil había realizado en 2000 un estudio en el pequeño pueblo de General O’Brien. Esta localidad de 2.400 habitantes cercana a Bragado se alertó cuando la bioquímica del pueblo detectó hepatitis en varios de sus pobladores y cuando dos personas necesitaron un trasplante hepático en cuatro años.

El médico, que en ese entonces era director de la Unidad de Hepatología y de Trasplante Hepático de la Fundación Favaloro, ofreció análisis gratuitos y unos 1.800 pobladores se sometieron al pichazo. Los análisis detectaron que 102 individuos portaban el virus de la hepatitis C y estimaron que la mayoría de ellos se había contagiado entre 1955 y 1975, a través de inyectables que se administraron para tratar la fiebre hemorrágica. 

Por Celina Abud

FUENTE:docsalud.com

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.