Luis Paiz Bekker es guatemalteco, joven y hombre de acción. Como el mismo dice, prefiere la parte más operativa, el trabajo sobre el terreno y el trato directo con las distintas comunidades. Desde enero de 2010, Bekker está al frente de la oficina local de MSF que tiene como misión, entre otras cosas, difundir el mensaje y el trabajo de la organización en la América del Sur hispano parlante (Brasil tiene oficina propia). 

Resumiendo un poco la historia, Bekker nos contó que Médicos Sin Frontera nació en París, Francia, el 21 de diciembre de 1971,impulsado por un grupo de médicos que se negó a esperar la autorización oficial para intervenir en una situación de crisis humanitaria. En un primer momento MSF contó con cinco oficinas en Europa. Hoy la organización cuenta con 19 oficinas regionales en todo el mundo. 

Entre los casos que han marcado algún hito en el trabajo de MSF, Bekker destaca las tareas realizadas durante la crisis de Somalía a comienzos de los ’90 (actualmente, y luego de 20 años de guerra, Somalía recibió por tercera vez la intervención de MSF), el genocidio de Ruanda, también en los ’90, y la guerra en Chechenia entre muchos otros. 

¿Cómo se financia MSF?

Nuestra financiación proviene básicamente de personas que se solidarizan con nuestra organización y nuestro trabajo. Estas personas se asocian a MSF y realizan donaciones regulares o esporádicas, como cada uno pueda. Y esta es nuestra principal fuente de financiación, más del 90 por ciento de lo que recaudamos corresponde a donaciones individuales. Actualmente, MSF cuenta con unos 5 millones de socios en todo el mundo y cada vez se suman más. Este apoyo le da una legitimidad muy grande a lo que hacemos, pero sobre todo nos da independencia. 

¿Qué importancia tiene contar con esta independencia para sus actividades?

Uno de los principios fundamentales de la organización es la independencia, porque siendo independiente es la única manera de poder llagar a una acción humanitaria verdadera. la acción humanitaria debe ser un fin en sí mismo y no un medio para, por ejemplo, llevar una guerra o una agenda escondida a un lugar determinado. la independencia financiera de cualquier poder político o económico es fundamental para que nosotros podamos contralar toda la cadena de la ayuda humanitaria y tener la libertard de llevar nuestro trabajo a quien lo necesite. Ser independientes nos permite evaluar con libertad las necesidades de la gente; nos permite llevar las acciones específicas al terreno sin tener que depender de otra agencia u organización que pueda manipular la ayuda; y finalmente nos permite hacer la evaluación, es decir, asegurarnos que las personas que necesitaban la ayuda la hayan efectivamente recibido. 

Sabemos que MSF está en constante expansión, que cada vez actúa en más lugares, que todo el tiempo está incorporando nuevo personal a sus equipos y nos preguntamos si eso es realmente bueno. Paradójicamente, si MSF crece significa que hay más cosas que están cada vez peor. ¿Lo ves de esta manera? 

Es así, y si te pones a pensar en la razón de ser de esta organización, es terrible que cada vez crezcamos más. Yo recuerdo mi primera misión en 1993. Estaba en Madrid y teníamos una pequeña oficina con dos cuartitos. Hoy esa sede es un edificio monstruoso, y esto es así porque las crisis humanitarias siguen creciendo y aumentando y nos superan todo el tiempo a pesar del crecimiento vertiginoso que tuvo MSF. Siempre necesitamos nuevos médicos que quieran sumarse a la organización. 

¿Qué se considera una emergencia sanitaria?

Es cuando tiene lugar una crisis que regularmente interrumpe la actividad cotidiana del ser humano y cuando ese evento que ha provocado la crisis supera la capacidad de respuesta local. 

¿En qué tipo de emergencias interviene MSF?

Las emergencias sanitarias pueden tener causas naturales y humanas. Intervenimos cuando hay conflictos armados, desastres naturales, epidemias o eventos por causa de las llamadas «enfermedades olvidadas», es decir, aquellas enfermedades que no ofrecen un nicho de mercado para la industria farmacéutica y que algunos gobiernos no las incluyen en su agenda. Así, para intervenir, MSF tiene en cuenta la dimensión del evento, la naturaleza del mismo y la capacidad de respuesta a nivel local. Cuando la capacidad local es desbordada, intervenimos, es nuestra forma de aportar valor agregado, pero la razón de ser de MSF no es sustituir a los gobiernos ni a las entidades que tienen la responsabilidad de actuar en estos casos. Solo intervenimos cuando una situación se va de las manos, por decirlo de alguna manera, y se hace necesaria la solidaridad internacional. 

¿Cómo actúa MSF una vez detectada la emergencia? 

Todo el tiempo estamos monitoreando fenómenos meteorológicos y climáticos, como tornados o terremotos, pero hay otros conflictos que surgen de manera más o menos espontánea o abrupta. Durante todos estos años de trabajo la organización ha desarrollado una gran capacidad de trabajo una gran experiencia y hemos aprendido algunas lecciones. Así, contamos con centros regionales de acopio y otra serie de infraestruturas que nos permiten dar respuesta en 24 o 48 horas. Por ejemplo, cuando este año el 25 de febrero comenzó el conflicto en Libia, al día siguiente ya teníamos un equipo en la frontera de Egipto y otro en la de Túnez. En estos casos el objetivo es ingresar al país lo más inmediatamente posible y hacer una evaluación rápida para tener una idea de la situación. 

¿Tienen dificultades para ingresar a los distintos países?

Siempre tenemos que negociar nuestro ingreso porque casi nunca hay condiciones de seguridad básicas y no podemos poner en riesgo a nuestros equipos. Contamos con gente especialmente dedicada a estas negociaciones que, en el contexto de un conflicto bélico por ejemplo, tienen que dejar en claro que MSF no apoya a ninguna de los grupos en lucha. Si nosotros detectamos una emergencia tratamos de llegar al lugar lo más rápido posible. No esperamos tramitar permisos desde Europa para ingresar a los países. Vamos al lugar y negociamos al mismo tiempo. Por lo general, siempre logramos entrar, aunque también es cierto que en los últimos años el panorama mundial ha cambiado y el corredor humanitario se está reduciendo y ya no es tan claro. Ya no son dos bandos que luchan, ahora hay una multiplicidad y complejidad de actoresincríble. Somalía es un ejemplo de eso. 

¿Existe un caso donde no hayan podido ingresar?

Sí, tenemos el caso de Siria, donde llevamos muchísimo tiempo intentando trabajar y no lo conseguimos. Solo una vez pudimos ingresar pero tuvimos que salir enseguida porque tuvimos serios problemas de inseguridad. 

Decías que hay emergencias de origen natural y humano ¿Cuáles predominan?

Hasta hace unos años se daba un cierto equilibrio, pero últimamente ha aumentado la cantidad de conflictos armados y nuestra intervención se da más es este
tipo de escenario bélico, aunque también actuamos en desastres naturales. El reciente caso del terremoto en Haití fue muy importante para MSF. Fue la mayor intervención en estos cuarenta años de la organización. Pero hay un tercer espacio de intervención también, que son las poblaciones excluidas. Por supuesto, no intervenimos en todos los lugares donde hay poblaciones excluidas porque sino tendríamos que estar en todo el mundo, pero sí trabajamos en aquellos lugares donde las crisis son más complejas y prolongadas y las personas tienen más riesgos de morir. Es decir, en aquellos lugares donde si no está MSF no hay nada, ni la más mínima estructura básica que pueda brindar aunque sea una contención deficiente. Existen países donde esto pasa: Somalía, El Congo y otros países de iguales características donde en realidad no hay nada. Es terrible. Estar en esos lugares es como estar en otro planeta y sin embargo es el nuestro.

¿Tienen alguna formación especial los médicos de la organización?

La infraestructura y la dinámica de trabajo que se requiere poner en marcha cuando hay que trasladar un equipo a un lugar de conflicto es muy compleja y costosa. Por estos motivos, buscamos médicos que estén bien formados, que tengan como mínimo dos años de experencia en su área o especialidad. Una vez que cumplen con estos y otros requisitos como idiomas y demás, nosotros les brindamos cursos de formación. Por ejemplo, lo primero que le damos es el Curso de Primera Misión, donde pueden conocer gran variedad de elementos que son típicos de los contextos donde actúa MSF: temas de seguridad, de análisis de contexto, cómo identificar riesgos,etc. Luego, se aprende a cómo trabajar con los recursos limitados del contexto. Nosotros siempre llevamos la mejor calidad de atención a la población. La idea es llevar salud con dignidad y no porque sea gente pobre llevar cosas de segunda. Pero el contexto limita. En ocasiones el médico debe trabajar en lugares sin electricidad, por ejemplo, entonces debe aprender a trabajar en esas condiciones, principalmente apelando a todo su conocimiento clínico. 

En la actualidad tiene lugar, principalmente en Europa, Africa y Medio Oriente, un contexto político y social convulsionado, de confrontación, donde los gobiernos parecen priorizar los sistemas financieros en lugar del bienestar social de las poblaciones. ¿Qué reflexión hacés sobre este panorama?

Como decíamos al principio, desgraciadamente la organización sigue creciendo a causa de esos elementos de la política internacinonal, elementos que en vez de mostrar un panorama esperanzador para el futuro hacen todo lo contrario, cada vez hay más egoísmo, más fragmentación. El tema de la acumulación está más allá de la vida, perdió el sentido. No cuestiono la productividad o los emprendimientos que son elementos sanos de nuestras sociedades, pero cuando el elemento de la acumulación supera el respeto por la vida y los derechos humanos, ya no. Estamos en esa crisis ahora. Se pierden los referentes internacionales, el respeto a una organización que va a llevar salud y que ves que no te dejan entrar a un país porque hay una agenda política detrás. O algo mucho peor aún, que es cuando se utiliza la acción humanitaria con otros objetivos. Hoy también se da la situación de que hay gobiernos que llevan adelante conflictos armados y que están invadiendo el espacio humanitario, y esto es terrible porque pone a la población más vulnerable del planeta en un riesgo mayor del que ya está. Vos ves a un militar repartiendo comido con el arma colgada del hombro y decís: bueno, ya no entiendo nada. Esta mezcla es muy peligrosa. 

¿Y en nuestra región? ¿Qué panorama nos podes dar de América Latina y Argentina?

En Argentina no tenemos proyectos operativos en este momento. Si llegara a aparecer una oportunidad estaremos presentes seguramente, como lo hicimos durante las inundaciones ocurridas en la provincia de Santa Fe y al comienzo de la crisis de 2001, cuando distribuimos medicamentos. Con respecto a América Latina, y también para Argentina, hay lo que llamamos enfermedades olvidadas: el chagas es una de ellas. Les llamamos enfermedades olvidades porque los medicamentos que existen para combatirlas tienen alrededor de cuarenta años. En muchos países de América Latina muchas veces no se trata al paciente con chagas crónico, con el pretexto de que solo el 30% desarrolla algua cardiopatía. Bueno, a mi no me gustaría estar dentro de ese 30% porque de alguna manera estaría condenado a muerte. En algunos de nuestros países esta enfermedad es endémica y en otros hiperendémica que de alguna manera no se ha seguido investigando como se debería. De todas maneras, y tiene que ver con lo que hablábamos antes, el chagas no afecta por lo general a las poblaciones con poder adquisitivo, por eso quizá la industria farmacéutica descuida la investigación en esta línea. 

¿Podrías comentarnos acerca de alguna experiencia actual en la región?

A propósito del chagas, en la actualidad estamos trabajando en Bolivia y Paraguay, países donde la prevalencia y la incidencia de la enfermedad es altísima. Es una buena experiencia con la que logramos romper un paradigma. Logramos demostrar, con pruebas científicas que incluyen a casi siete mil pacientes, que tratando a estos en un estado crónico de la enfermedad se pueden reducir enormemente las cardiopatías. Son impresionantos los datos que tenemos. Ya realizamos dos publicaciones sobre el tema y recientemente las presentamos en Jujuy en un encuentro sobre enfermedades tropicales. Hay que convencer a los expertos, a los de la vieja escuela que dice que hay que tratar a pacientes de hasta quince años y no crónicos. Nosotros hemos sentado un nuevo precedente. Es bueno también que está habiendo una apertura por parte de los gobiernos que bueno, que ven la realidad y se comprometen a trabajar. Puntualmente, el tema del chagas ha sermitido en la región fomentar las relaciones internacionales y consolidar esfuerzos a nivel sudamericano para que esta enfermedad sea parte del pasado.

Luis Paiz Bekker es diplomado en Medicina Social por la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco (México) y ha realizado una Maestría en Medicina Tropical, Salud Pública y Epidemiología en la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, Reino Unido. Cuenta con 15 años de experiencia en coordinación y gestión del diseño, implementación y evaluación de intervenciones en salud pública y emergencias. La mayor parte de esta experiencia la desarrolló con Médicos Sin Fronteras en África, Europa del Este y, principalmente, América Latina. Paiz Bekker participó como jefe de misión, coordinador médico y de proyectos en misiones de MSF en Kenya, Georgia, Guatemala, Colombia, Brasil y México.

Por Wenceslao Bottaro – BaireSalud

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.