Sistema de salud: cada cual atiende su juego

Podemos definir que un sistema de salud es la respuesta social organizada a los problemas de salud de la población. Partiendo de esta definición no podemos decir que Argentina no tenga sistema. Justamente lo que ocurre es que hay muchas respuestas y poca organización. 

Poca salud por mucho dinero

Nuestro país obtiene un bajo rendimiento de los recursos destinados a salud. La Argentina destina anualmente al cuidado de la salud más de US$ 1.350 por persona, un valor 30% superior al de Chile y Costa Rica, dos países de la región con un ingreso per cápita similar. Sin embargo, estos países obtienen mejores resultados de salud. Por ejemplo, la mortalidad en niños menores de 5 años es inferior: mientras que en la Argentina mueren anualmente 15 niños por cada 1.000 nacidos vivos, en Chile 9, y en Costa Rica 11. Además, en ambos países la esperanza de vida al nacer es cuatro años mayor que en Argentina. Aunque la inversión en salud que realiza el país (cercana al 10% del PBI) es significativa, los resultados no reflejan esta apuesta asignativa. 

Lamayor causa de este pobre desempeño es la indefinición de un modelo de salud. Ello se traduce en una fragmentación de la gestión, del financiamiento y de la atención de la salud, sumadas a la existencia de mecanismos de coordinación poco efectivos.

Tres escenas de la salud Argentina

Mejor que con números, el desempeño de nuestro sistema de salud se puede ver en las historias de vida de los argentinos. Veamos tres ejemplos de mujeres de diferentes sectores sociales y con diferentes coberturas de salud.

Escena 1. Juana está embarazada de cinco meses y es beneficiaria del subsidio universal por hijo pero no le gusta ir al hospital a hacerse los controles. Porque cada vez las filas son mayores.

Escena 2. Hortensia se acaba de Jubilar. Trabajó toda su vida pero lo hizo en negro. Sin aportes ni obra social. Hoy, con 68 años estrena obra social y muestra orgullosa su aporte descontado del haber jubilatorio. La sorpresa de Hortensia ocurrió cuando precisó atención médica y la derivaron al hospital de referencia con que trabaja la obra social. Era el mismo hospital público donde se atendió toda su vida.

Escena 3. Marina necesitó operarse por una hernia inguinal. Decidió hacerlo con un reputado cirujano. Podría haberse intervenido en un hospital público donde este doctor es Jefe de Servicio, pero había una lista de espera muy larga y éste opera también en una confortable clínica. Marina tiene  cobertura de la Obra Social Provincial que le cubría la operación e internación, en cuarto compartido. Pero, como Marina también contrató la cobertura de una prepaga, pudo internarse en cuarto individual. Solo que su médico no está en la cartilla de la prepaga y tuvo que pagar sus honorarios aparte y en negro.

Una orquesta sin director

Escenas como las anteriores ocurren porque no hay un responsable para coordinar las coberturas, las prestaciones y la financiación. Es así que en algunos lugares sobran médicos y en otros faltan, en algunos sobran tomógrafos o mamógrafos  y en otros faltan. El resultado es ineficiencia e insatisfacción. Aún conseguimos que la gente tenga respuestas a sus problemas de salud, pero lo hacemos a un costo cada vez mayor.

Coexisten tres subsistemas de cobertura: (a) el subsistema público, que presta servicios por medio de centros de atención primaria de la salud y hospitales provinciales y municipales; (b) la seguridad social, que incluye a las obras sociales sindicales, las provinciales y al PAMI, y (c) el subsistema privado, compuesto por las prepagas y mutuales. Estos subsistemas conviven sin un marco general que paute la articulación entre ellos. Funcionan, cada uno por su lado, como una orquesta sin director. Aún con excelentes músicos y buenos instrumentos si cada uno no tiene la partitura adecuada y no hay coordinación el resultado es puro ruido.

Ley Nacional de Salud

Para comenzar a avanzar en la respuesta a estos problemas es imprescindible diseñar el modelo argentino de salud. Esto significa proponer y resolver un gran debate nacional sobre dos preguntas: ¿Cómo producir salud? Y ¿Quién es el responsable por cada función?. La primera pregunta implica asumir un modelo de atención. Podemos continuar en un esquema donde cada uno  hace lo que quiere (o lo que puede) o comenzar a construir un modelo con una puerta de entrada a los servicios, con cuidados progresivos y funcionamiento en red.

La segunda pregunta implicada

Esto empieza por definir responsabilidades. No tendremos la salud que merecemos mientras esta no sea problema de nadie. Hay que definir quién dirige la orquesta, a quién le puede costar el puesto que Juana tenga que esperar un promedio de casi cuatro horas para hacerse un control del embarazo. A alguien le tiene que pesar que Hortensia no tenga mejor acceso a los servicios al aportar a una obra social. Alguien, además de Marina, debería pagar el costo si una prepaga no se hace íntegramente responsable de la salud de sus afiliados.

En segundo lugar, hace falta definir

Necesitamos comenzar a discutir una Ley Nacional de Salud donde se defina qué debe hacer el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y los municipios, qué deben hacer las obras sociales, las prepagas, los hospitales, los centros ambulatorios. En fin, cuál es la partitura que le corresponde tocar a cada uno. Todos los países de la región lo han hecho. Argentina es el único que continúa poniéndole parches legislativos a su sistema de salud. No podemos postergar más la definición de qué modelo de salud queremos.

Por Federico Tobar 

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.