“La hepatitis C, por su gran difusión, constituye una verdadera pandemia mundial. Se calcula que unos 200 millones de personas en el mundo son portadoras del virus que la provoca”, como señala el doctor Víctor Pérez, profesor honorario de la Facultad de Medicina de la UBA, en una editorial de la _Revista__ de la AMA (_Asociación Médica Argentina).

En la República Argentina se estima que la prevalencia general del virus de hepatitis C (VHC) ronda el 2 %. Según datos de la OMS, la prevalencia en el África es del 6 %; en Canadá, del 0,34 %; en los EE.UU., del 0,6 %; en Alemania, del 0,42 % y en México, del 0,7 %.

Aunque pueda argüirse que su prevalencia no es alta, sin embargo la preocupación de los expertos consiste en que la enfermedad se hace crónica en un porcentaje muy alto de los casos, estimado entre un 50 y un 84 %, y produce daños hepáticos de suma ravedad.

Unos 20-30 años después de producida la infección, entre un 25 y un 30 % de personas desarrolla cirrosis. De ellas, a su vez, un porcentaje significativo tiene altas pobabilidades de generar cáncer de hígado, que en la actualidad es la principal causa de transplantes hepáticos. Así, por ejemplo, en los Estados Unidos la mitad de los trasplantes de hígado se realizan a pacientes con hepatitis C avanzada.

Actualmente se dispone de estrategias para el tratamiento de las hepatitis crónicas, pero es de vital importancia que se las diagnostique lo más tempranamente posible. El problema es que la mayoría de las personas infectadas con virus de la hepatitis C (VHC) desconocen el hecho e, incluso, padecen la enfermedad de forma asintomática. Por otra parte, el costo del tratamiento farmacológico es sensiblemente alto. Además, los  acientes requieren de seguimiento permanente, lo que implica costosas prácticas de laboratorio: función hepática, carga viral por PCR, ecografías, biopsias hepáticas. Ni que habar del costo y los problemas asociados que representan las resecciones hepáticas o los trasplantes de hígado.

El mayor número de casos de contagio proviene de unos 20, 30 años atrás, o incluso más aún, debido a las transfusiones de sangre y sus derivados. A principios de la década de 1990 comenzó a hacerse obligatorio el estudio de los donantes de sangre para determinar si portan el virus, con lo que el contagio postransfusional es hoy prácticamente nulo.

Es notable, también, la asociación existente entre alcoholismo y hepatitis C. También es para destacar que los nuevos casos se producen, preferentemente, en drogadictos  endovenosos, pacientes sometidos a diálisis renal, heterosexuales promiscuos y pacientes con SIDA.

Se han reconocido al menos seis genotipos del virus de la hepatitis C, es decir formas virales, a los que se identifica con números arábigos: 1, 2, 3, 4, 5 y 6.

“Además, esos seis genotipos dan origen a más de 90 subtipos del virus. Los subtipos 1a, 1b, 2a, 2b, 2c y 3a son los responsables del 90 % de las infecciones por hepatitis C en América del Norte y del Sur, Europa y Japón”, explican investigadores de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA en un artículo de la revista _Journal of Medical Virology_.

El equipo de investigadores está dirigido por el doctor Rodolfo H. Campos, profesor titular de Virología e investigador principal del CONICET. Realizaron investigaciones en la zona litoral de la Argentina, especialmente en la localidad de Wheelwright, que registra una alta prevalencia de VHC. Efectuaron, además, estudios comparativos entre la situación que presenta la infección por VHC en la Argentina y en Chile, con el objetivo de rastrear las huellas del virus de la hepatitis C de modo de tener un panorama de la situación en ambos países y parangonar los resultados con los que proceden de países vecinos, como Uruguay, Brasil y Perú.

Si bien, como ya se dijo, la prevalencia general del VHC en la Argentina no es alta, en diferentes pequeñas comunidades rurales se detectó una mayor presencia del virus. Así, por ejemplo, en un estudio realizado por los virólogos de la FFyB con 1.814 muestras de sangre provenientes de Wheelwright indicaron que la prevalencia más alta se registró en mayores de 50 años y, principalmente, en la franja atarea que va de los 70 a los 79 años. Este hecho hace suponer que la introducción del virus data de por lo menos 50 años atrás. El genotipo VHC-1b fue detectado en el 91 por ciento de las muestras.

Wheelwrigth es una pequeña ciudad del sur de la Provincia de Santa Fe, situada en la región litoral de la República Argentina, a unos 300 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fue fundada en 1900 y tiene una población actual aproximada de 10.000 habitantes. Sus pobladores originarios han sido mayoritariamente inmigrantes europeos.

Así también, el dato de que la prevalencia es notablemente más baja en los grupos de menor edad, hace pensar que los recaudos tomados, en especial a partir de la década de 1990, cuando se identificó el virus (Ver Recuadro 1), frenaron su expansión.

El conocimiento de los factores de riesgo permite postular que la transmisión en estas comunidades se produjo por vía iatrogénica, es decir por intervenciones quirúrgicas, transfusiones de sangre, tratamientos odontológicos, aplicación de inyectables y vacunación extrahospitalaria. Esto así, debido a que el estilo de vida y la edad de las personas lleva a considerar que los factores que predominan hoy, como el consumo de drogas de abuso y las relaciones sexuales promiscuas, no han sido las causas de la diseminación del agente patógeno.

En 2000, General O´Brien , un pueblo de 2.400 habitantes por entonces, situado a 30 km de Bragado, en la Provincia de Buenos Aires, recibía una amplia cobertura en el diario de mayor circulación de la Argentina. Ocurría que la bioquímica del pueblo, Nancy Massenzio, había notado que la prevalencia de problemas hepáticos graves en su comunidad resultaba alarmante. En su preocupación, recurrió al por entonces director médico de la Unidad de Hepatología y Transplante Hepático de la Fundación Favaloro, Federico Villamil. A partir de allí, se organizó una cruzada: de los 2.400 habitantes 1.637 concurrieron a realizarse los estudios pertinentes para conocer si estaban infectados con VHC.

Al trabajo epidemiológico se sumó el doctor Gastón Picchio, un virólogo del _Scripps Research Institute_, de La Jolla, EE.UU. En 2006, Picchio y un grupo de profesionales que participaron en el estudio publicaron los resultados obtenidos en la revista _Liver Internacional_.

Noventa y tres personas, el 5.7 % de los habitantes analizados, resultaron seropositivos para el VHC. También en este caso se halló que la prevalencia era notablemente  superior en personas de 61 a 71 años (un 23%).

En concordancia con los datos obtenidos por los investigadores de Farmacia y Bioquímica de la UBA para la localidad santafesina de Wheelwrigth, en O´Brien se halló que en el 82 % de los casos, el genotipo de VHC era también el 1b.

Para el momento de la publicación de los resultados, ya 4 habitantes de O´Brien habían requerido de transplante de hígado debido al grado de avance de la cirrosis provocada por el VHC.

De manera similar a los demás estudios mencionados, también en O´Brien se estima que los contagios ocurrieron mayoritariamente entre 1955 y 1975, por el uso de jeringas de vidrio inadecuadamente desinfectadas. Y se sospecha que la mayor parte de las infecciones pudieron registrarse durante la época en que debió procederse contra

el brote de virus Junín. Este virus provoca la fiebre hemorrágica argentina, que es endémica en la Pampa Húmeda y en el sur del Litoral.

Respecto de los datos que los científicos de la UBA y del Hospital Universitario de la Universidad de Chile obtuvieron al analizar muestras de sangre procedentes del país trasandino, es de notar que también hallaron que el genotipo 1b del VHC fue el predominante, tanto que se lo detectó en el 82.4 % de las muestras.

Es sabido que la gravedad que adquiere la infección, así como la posibilidad de responder a las drogas disponibles y la probabilidad de desarrollar en el futuro enfermedades que comprometan gravemente al hígado es variable y depende fuertemente del genotipo del virus que la causó, como señalan los científicos en un artículo publicado en el _Journal of Medical Virology_.

Que hayan encontrado que el genotipo 1b es predominante no resulta, en absoluto, un dato alentador, puesto que esta variante del virus está relacionada con baja respuesta a los tratamientos y desarrollo de enfermedades hepáticas de consideración.

La sospecha de la existencia de este agente patógeno cobró fuerza en la década de 1980. Como los datos serológicos proporcionados por los estudios bioquímicos no se correspondían ni al virus de la hepatitis A ni al de la B se le adjudicó el nombre  transitorio de “Hepatitis no A no B”.

En 1989, en los laboratorios Chiron se logró caracterizar al sospechoso y se lo bautizó tal como se lo conoce hoy: virus de la hepatitis C (VHC). Es un virus pequeño, del tipo RN. Pertenece a la familia _Flaviviridae_ y al género _hepacivirus. _Otros miembros de esta familia son el virus causante de la fiebre amarilla y el que provoca el dengue.

Desarrollaron estructuras químicas con potente actividad antiviral. Se trata de una serie de tiosemicarbazonas (TSCs) derivadas de 1-indanonas. Las indanonas son cetonas, compuestos que tienen en su estructura un grupo carbonilo. Las TSCs son derivados sólidos característicos del grupo carbonilo presente en aldehidos y cetonas.

De ese conjunto de estructuras diseñadas por los expertos de la UBA, una mostró una interesante actividad antiviral. La estructura lleva el nombre químico tiosemicarbazona de 5,6-dimetoxiindan-1-ona y es, justamente, uno de los compuestos para los que obtuvieron la patente de invención en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI) de la República Argentina.

Son moléculas absolutamente sintéticas, no se encuentran en la naturaleza. Es decir que, a partir de los conocimientos básicos actuales de la Química, los investigadores diseñan” estructuras que, desde lo ya conocido, tienen amplias posibilidades de presentar características que las hacen candidatas a convertirse en principios activos útiles.

Para desarrollar las estructuras químicas, incluida la que patentaron, los investigadores fueron cambiando el tipo de compuesto cetona de partida en el proceso de síntesis. Algunas de las estructuras obtenidas mostraron actividad también antifúngica.

Director: Dr. Rodolfo H. Campos, profesor titular de Virología e investigador principal del CONICET.

Dra. Viviana Mbayed, profesora adjunta de Virología e investigadora adjunta del CONICET.

Dr. Gabriel García, investigador adjunto del CONICET.

Dr. Diego Flichman, profesor adjunto de Virología e investigador adjunto del CONICET.

Becarios doctorales del CONICET y ayudantes de primera de Virología: Andrés Culasso, Carolina Torres, Silvana Pezzano y Marcelo Golemba.

El equipo ha contado con subsidios de investigación de la UBA, el CONICET  y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica de la República Argentina.

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.