Los diseñadores de este centro hospitalario, el hospital indígena más grande de Estados Unidos, partieron del principio de que la medicina de hoy no se trata sólo de medicamentos sino que algunos pacientes se curan mejor en un ambiente que celebra sus creencias y su cultura.

«Nos apoyamos en la medicina moderna pero hay gente que está convencida que la cura no es sólo del cuerpo sino también del espíritu», explica el gobernador de la nación Chickasha, Bill Anoatubby.

Un servicio de urgencias, 72 camas, un centro de tratamiento de diabetes, una clínica dental y hasta un servicio de diagnóstico que incluye un escáner, componen el hospital.

En la cultura chickasha, los vínculos con la naturaleza y la familia son muy profundos. Y este hospital reserva un espacio al aire libre para ceremonias de curación a las cuales pueden asistir un gran número de personas.

Construido sobre el sitio de un antiguo hospital en la localidad de Ada, al suroeste de la capital de Oklahoma, el centro ofrece a los nativos el material más sofisticado. Está abierto a todas las tribus indígenas y fue concebido para acoger otras prácticas y tradiciones.

Los amplios ventanales permiten del establecimiento prescindir de la luz eléctrica los días de sol y se abren sobre 93 hectáreas de pacíficas áreas verdes que los pacientes pueden ver desde sus camas.

«Levanta el ánimo, uno no se siente prisionero en una jaula», asegura Larry Speck, uno de los arquitectos.

El centro fue financiado por los ingresos de los casinos de la zona y por empresas privadas, sobre todo fábricas de chocolate, con unos 145 millones de dólares. La oficina de asuntos indígenas asumió la remuneración del personal.

«El sitio es muy calmo y tranquilo, hay pacientes que piden para quedarse un día más, eso no sucedía antes», dice Judy Parker, directora del hospital.

La cultura chickasha está presente en todas partes: los pisos y techos tienen figuras geométricas en diamante y a la entrada del hospital se exhibe un collar de perlas. Hay cúpulas enmarcando las entradas, en tanto la cal y los paneles de cobre de origen local recuerdan el arraigo del lugar en la tierra.

Los muros están salpicados de obras de arte chickasha. En el corredor que conduce a la sala de espera de cirugía, cuelgan retratos de antepasados realizados por el artista indígena Mike Larsen. Uno de ellos representa a Pearl Carter Scott, el estadounidense más joven en haber obtenido la licencia de piloto, a los 13 años, allá por 1928.

«La mayor parte de la gente que viene conoce a estas personas», dice Debbie Jackson, directora del relacionamiento con los clientes. «Estas obras y objetos artesanales dan un sentimiento de bienestar».

FUENTE: AFP

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.