¿Cuál es el panorama en lo relativo al avance de la diabetes en el país?
La diabetes es una enfermedad crónica y progresiva, que si no se atiende genera una serie de complicaciones que, en primer lugar, son discapacitantes y, en segundo término, aumentan el costo de atención y bajan la calidad de vida de las personas. El 90% de los casos de diabetes son de tipo 2. Si bien históricamente la padecían los adultos de entre 40 y 50 años, la franja etaria fue bajando a 30/20 y ahora la tenemos en la infancia.

¿Qué estadísticas manejan al respecto?
La prevalencia de diabetes en la población argentina es de 8.5%, según lo publicado por el Ministerio de Salud de la Nación a través de la encuesta nacional de factores de riesgo. Esto significa algo más de 2 millones de personas. A ello se le deben sumar las personas en riesgo; que es más o menos el mismo número. 

¿Es posible prevenir la diabetes y sus posteriores complicaciones? ¿Qué efectividad tiene demostrada la estrategia de prevención?
Haciendo un buen tratamiento puedo prevenir el desarrollo de esta enfermedad en gente que tiene predisposición genética. Por supuesto, para eso debe ser atendida a tiempo. Identificar a la población que está en riesgo es algo muy sencillo; hay cuestionarios tipo muy bien validados. Si consideramos las 2 millones de personas en riesgo, es posible bajar esta cifra a la mitad con una estrategia.

¿Cómo debería abordarse la enfermedad y sobre qué plan trabaja CENAXA?
En este momento en Argentina hay un foro intra sectorial que se llama FIDIAS y se dedica a buscar cosas dentro del área de la diabetes que puedan ser de implicancia de la salud pública.

El tema que elegimos para empezar a trabajar fue Prevención Primaria de Diabetes. En este momento se está organizando un grupo con participación del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, del Ministerio de Salud de la  Nación, del PAMI, de la Sociedad Argentina de Diabetes, de la Sociedad Argentina de Nutrición, del ISPO (Sociedad de Economía de la Salud), de la Universidad de La Plata y de la Universidad de Buenos Aires, que está preparando un proyecto para implementar, el año que viene, en un área piloto en la provincia de Buenos Aires. Simultáneamente, se pretende hacer en la ciudad de Buenos Aires porque la Secretaría de Salud está incorporada en este foro.

A quienes formamos FIDEAS nos une el interés común, desde el ámbito que manejamos, y el proyecto que salió es el de Atención Primaria porque no se está haciendo nada, no solo en Argentina sino en Latinoamérica. El criterio es el de prevención primaria. Eso no significa que me olvido de los que ya están enfermos. La idea es tomar un modelo que demostremos que funciona bien y aprendamos donde están los errores antes de masificarlo y cuando tengamos la evidencia digamos: “señores acá está el modelo, estos son los resultados, esta la tecnología”. 

¿En que área puntual de la provincia lo llevarían a cabo?
A priori, pensamos que puede ser en Brandsen. Esta experiencia ya se hizo en otras partes del mundo. La desarrollaron los norteamericanos, los chinos, los indios, los finlandeses.

El objetivo es hacer este estudio, chico y bien controlado. Una vez que logremos esto se implementará en gran escala en todo el país de forma masiva, donde participará la educación formal, los medios de comunicación, las entidades de salud, etc. 

¿Es posible bajar costos mediante la prevención?
Un diabético complicado cuesta de 2 a 4 veces más que uno que no los está. Por supuesto, lo ideal es identificar a quien tiene la potencialidad y así evitar que sea diabético. Entones, lo cierto es que no estamos hablando de ahorrar dinero sino de utilizar mejor el recurso.

El concepto sería darle a cada uno lo que necesita, la equidad implica cambiar la idea de que a todos nos tienen que dar lo mismo. 

¿Qué condiciones deben darse para lograr implementar un programa de calidad?
Dependerá de tres cosas, primero de tener un equipo de salud que esté bien informado, educado y con experiencia. En segundo término que el paciente tenga acceso a los profesionales y a lo que ellos le prescriban. Por último, una tercera pata es que el paciente participe activamente en el control de su enfermedad.

Para dar solución al primero de los aspectos que mencioné, tenemos un programa a distancia que se llama DIFAR, dictado por la UNLP, compuesto por 25 módulos. Una vez que el médico los aprueba tiene que hacer 10 horas de práctica en un servicio de referencia. Esto lo implementamos en el Ministerio de Salud de la Nación, que dio becas para que sus prestadores de todo el país se capaciten. Igualmente, el programa funciona desde hace tres años. Actualmente, estamos negociando con PAMI.

Para el último punto tenemos un programa de educación de pacientes. Los resultados están publicados y cargados en un sistema llamado COLIBIAR.  Esto mismo, lo implementamos en la provincia de Buenos Aires en un programa que se llamaba PRODIAB, que desencadenó la provisión gratuita de insulina a través de los ministerios de salud de todo el país.

EL segundo ensayo lo hicimos en IOMA con el PROPAT. Demostramos que mejoraban todos los indicadores y bajábamos un 28% el costo de atención de los pacientes. Este programa en IOMA no se hace más, pero los resultados sí fueron publicados en el exterior. PROPAT demuestran que los países en desarrollo están haciendo cosas que los desarrollados podrían copiar. Este programa generaba 5 millones de pesos mensuales de ahorro. Por suerte, OSPERI lo está haciendo con buenos resultados y con PAMI estamos en medio de una negociación para ver si lo podemos implementar. 

En materia de tratamientos, ¿qué es lo último?
Con el tema de las drogas lo interesante es el uso que se hace de ellas. Si estamos en este contexto, la gente que está dentro de esta estructura que planteábamos antes la va a usar bien.

Hoy, una de las más usadas es la metformina, que actúa en uno de los mecanismos de la diabetes. Esta enfermedad es un fenómeno inflacionario, porque ud. tiene una célula productora de insulina y consumidores, que son los tejidos periféricos. La diabetes tipo 2 se caracteriza porque esos tejidos se hacen insulino resistentes. Esto implica que para lograr el mismo efecto que la insulina usted tiene que duplicar o triplicar la cantidad producida. Entonces, si genéticamente estoy condicionado, cuando le exija mucho va a fallar y ahí aparece la diabetes. Por eso, cuando uno busca drogas es para que actúen sobre este mecanismo o que hagan que esta célula sea más eficiente o baje la demanda. La metformina, con más de 50 años en el mercado, es una de las drogas viejas que modifican la respuesta y provee de algunos efectos nuevos y favorables.

En la última etapa están las glitazonas, drogas que modifican la sensibilidad de los tejidos a la insulina. Lamentablemente, una de las cosas que también provoca esta droga son lesiones cardiovasculares. No es que la droga sea mala, pero hay que indicarla bien. Como decíamos, no es solo la droga sino cómo se usa.

La sulfonilurea, que desde la primera guerra mundial que está dando vueltas, se siguen utilizando. Y la última familia de drogas son las que se llaman incretinas -son hormonas que el intestino fabrica-, que modifican la capacidad de estas células, la optimizan. 

¿La incretina, entonces, es una droga nueva?
Es una familia de drogas, hay algunas que directamente simulan o imitan la acción de la insulina y otras que logran aquello fabricado por el organismo esté más tiempo en circulación. La familia es incretina porque son del intestino e incrementan la función de estas células optimizando la función. Y se van descubriendo una serie de efectos secundarios  favorables desde el punto de vista cardiovascular, óseo, renal, de los vasos sanguíneos, etc. Realmente, son drogas muy útiles. También hay en carpeta drogas que vendrán en los próximos años. La tecnología ha dado herramientas valiosísimas, pero como te decía depende del uso.

Hay tratamientos que apuntan a nuevas drogas, las cuales toman novedosos mecanismos  de acción. Algunos actúan sobre una encima, que determina cómo se metaboliza la glucosa. Otros hacen que la glucosa se pierda por orina y, de ese modo, la persona normaliza los niveles circulantes. Ambos ejemplos representan los enfoques de las medicaciones que se vienen en el corto plazo.

Por otra parte está la medicina sustitutiva. El ejemplo sería: se me rompieron estas células, las puedo reponer. Una opción es reponer con células maduras, que son los trasplantes. Estas se hallan en alguna parte del organismo y saben qué hacer para transformarse en cualquier tipo de célula. El drama es que yo tengo un cultivo celular y trato de que se diferencien las células betas productoras de insulina. Y hay algunas que lo hacen, pero otras siguen haciendo otra cosa. Entonces tengo un cultivo del cual quise sacar todas células betas pero algunas laten, o sea son cardiomiocitos, y otras agarran calcio, un osteosito. O sea, no es algo que hoy en un laboratorio podamos decir que saldrá de modo exitoso. A futuro puede ser, pero hoy no. 

Estuvo en ADA 2010, (70th Scientific Sessions of the American Diabetes Association), ¿cuáles fueron las conclusiones más importantes?
A mi entender, el impacto más grande del congreso se dio con un grupo de drogas que ya estaban en el mercado, las glitazonas, sobre todo una en particular, con la que había mucha cautela de la Food and Drug. La tenían acotada y ahora han aflojado un poco porque haciendo una administración correcta y precisa es una muy buena droga. 

Silvina Iturralde

Licenciada en comunicación social, especialista en asuntos corporativos y periodista con amplia trayectoria en medios nacionales.